Balance de las elecciones de Castilla y León

Ayer se celebraron elecciones anticipadas en Castilla y León. Es la primera vez que esta comunidad utiliza la posibilidad de separar sus elecciones autonómicas de las municipales ya que es una comunidad de régimen común, por lo que hasta ahora no podía tener un calendario electoral propio. La Comunidad de Madrid votó el año pasado, pero, al contrario que Castilla y León, tendrá que votar de nuevo en 2023 al no poder tener su propio calendario.

El adelanto se debió a los planes internos del Partido Popular, que ha intentado seguir los pasos de Madrid, es decir, librarse de su socio de gobierno (Ciudadanos) y quedarse cerca de la mayoría absoluta para poder gobernar libremente. Así, el líder del partido, Pablo Casado, podría relativizar la victoria de Isabel Díaz Ayuso en Madrid y enmarcarla en un ciclo electoral muy positivo para el PP en su camino a La Moncloa a finales de 2023.

Sin embargo, Castilla y León no es Madrid. Parece increíble tener que decir esto porque las diferencias son obvias: la Comunidad de Madrid es la región española más densamente poblada, al vivir más de seis millones y medio de personas en apenas 8.000 km². Además, alberga la capital del Estado y sus instituciones principales, además de embajadas, Casa del Rey y un largo etcétera. Castilla y León es más bien todo lo contrario: una región inmensa con más de 94.000 km² (más extensa que todo Portugal) con una población dispersa y a la vez concentrada en sus ciudades, de las que solo cuatro superan los 100.000 habitantes (Valladolid, Burgos, Salamanca, León), con un total de dos millones y medio de personas. Por tanto, comparar Madrid y Castilla y León es como comparar una gallina y un avestruz.

La participación es lo primero que ha diferenciado a estas elecciones de las madrileñas, puesto que ha bajado respecto a las de 2019: apenas un 63,4 %. Hay que remarcar que en 2019 las elecciones autonómicas coincidieron con las europeas y las municipales, con lo que fue una importante triple convocatoria que lógicamente atrajo más a la población. Y, además, tampoco había pandemia.

Por tanto, los resultados finalmente han sido muy distintos a lo que el Partido Popular esperaba, como veremos a continuación:

Cortes de Castilla y León

  1. PARTIDO POPULAR: 31 (+2)

  2. PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL: 28 (-7)

  3. UNIÓN DEL PUEBLO LEONÉS: 3 (+2)

  4. SORIA ¡YA!: 3 (+3)

  5. UNIDAS PODEMOS: 1 (-1*)

  6. CIUDADANOS-PARTIDO DE LA CIUDADANÍA: 1 (-11)

  7. POR ÁVILA: 1 (=)

  8. OTROS: 13 (+12**)

*Respecto a Podemos-Equo en 2019.

**Respecto a la suma de la extrema derecha en 2019 (1)

Distribución por provincias:

ÁVILA:

  1. PP: 3 (=)

  2. PSOE: 2 (=)

  3. XAV: 1 (=)

  4. Otros: 1 (+1)

BURGOS:

  1. PSOE: 5 (=)

  2. PP: 4 (+1)

  3. Otros: 2 (+2)

LEÓN:

  1. PSOE: 4 (-2)

  2. PP: 4 (=)

  3. UPL: 3 (+2)

  4. Otros: 2 (+2)

PALENCIA:

  1. PSOE: 3 (=)

  2. PP: 3 (=)

  3. Otros: 1 (+1)

SALAMANCA:

  1. PP: 5 (+1)

  2. PSOE: 3 (-1)

  3. Otros: 2 (+2)

SEGOVIA:

  1. PP: 3 (+1)

  2. PSOE: 2 (-1)

  3. Otros: 1 (+1)

SORIA:

  1. SORIA ¡YA!: 3 (+3)

  2. PP: 1 (-1)

  3. PSOE: 1 (-2)

VALLADOLID:

  1. PSOE: 5 (-1)

  2. PP: 5 (=)

  3. UP: 1 (+1)

  4. Cs: 1 (-2)

  5. Otros: 3 (+2)

ZAMORA:

  1. PP: 3 (=)

  2. PSOE: 3 (=)

  3. Otros: 1 (+1)



Partido ganador por provincia: PP (azul), PSOE (rojo), Soria ¡YA! (naranja oscuro)

El PP no ha logrado su objetivo de conseguir recuperar una mayoría absoluta que casi siempre ha disfrutado en Castilla y León hasta el cambio del sistema de partidos español desde 2015. Al principio los sondeos les eran favorables pero conforme avanzó la campaña se fueron desinflando hasta conseguir aumentar solo dos escaños (muy lejos de los 42 de 2015 y a años luz de la súper mayoría absoluta de 53 escaños de 2011) y bajando levemente su porcentaje de voto, quedando en algo más del 31 % de votos. Ha ganado en cuatro provincias pero solo en una capital provincial, Salamanca. Su líder autonómico, el actual presidente Alfonso Fernández Mañueco, tendrá que negociar con la extrema derecha o intentar convencer a los partidos pequeños de que le apoyen para así presionar a los ultras para que se abstengan. O bien intentar que se abstenga el Partido Socialista, algo improbable dado que el PSOE ganó en 2019 y el PP se alió con Ciudadanos para continuar controlando la Junta de Castilla y León, algo que hace desde 1987 sin interrupción. Es la comunidad española que más años lleva sin cambiar de partido al frente.

El Partido Socialista consiguió en 2019 un resultado histórico con 35 escaños, una marca que no conseguía desde 1991 tras muchos años de travesía en el desierto, con su mínimo de 25 escaños de 2015. Sin embargo, no pudo gobernar debido a la alianza del centroderecha, que sumaba mayoría absoluta en una comunidad que siempre ha sido mayoritariamente conservadora. En estas elecciones ha retrocedido a marcas más habituales para este partido en esta comunidad: 28 escaños y un 30 % de voto. Le han perjudicado el desgaste del Gobierno central, así como el auge de las fuerzas regionalistas de Soria y León, que se han nutrido especialmente del PSOE. Por tanto, queda sin opciones de recuperar Castilla y León, aunque ha ganado en cuatro provincias y en la mayoría de capitales provinciales (Valladolid, Zamora, Palencia, Segovia y Burgos).

La Unión del Pueblo Leonés (UPL) se fundó en 1986 y tiene representación en las Cortes desde 1995. En estas elecciones ha conseguido su mejor resultado histórico, igualando los tres escaños de 1999 pero con mayor porcentaje de voto, llegando a superar el 21 % en la provincia de León. También se presenta en Zamora y Salamanca, aunque allí tiene resultados discretos. El partido reclama la autonomía para León, lo cual es posible constitucionalmente si así lo decidiese la ciudadanía leonesa.

Soria ¡YA! existe como movimiento desde hace 20 años, cuando nació como una plataforma ciudadana que reclamaba mejoras y atención en la provincia menos poblada de España, ya que no llega a 100.000 habitantes. Años de abandono han llevado a más del 40 % de los votantes sorianos a elegir a esta candidatura, miembro de la llamada España Vaciada, imitando el éxito de Teruel Existe en las últimas elecciones generales. Así, han obtenido un increíble resultado ganando en su provincia. Sus votos provienen más del PSOE que del PP.

Por primera vez en Castilla y León acudían unidos Podemos e Izquierda Unida ya que en 2015 y 2019 fueron por separado. Sin embargo, su resultado demuestra el gran desgaste de la marca Unidas Podemos. En 2015 Podemos logró 10 escaños e IU uno, mientras que en 2019 Podemos logró dos escaños e IU ninguno. Esta vez continúa la tendencia descendente con un solitario escaño por Valladolid que obliga a la coalición a reflexionar sobre su futuro.

Ciudadanos es el partido que ha perdido más escaños y votos y, de hecho, haber mantenido su representación en las Cortes ya ha sido un milagro porque muchos sondeos no les daban ni un diputado. Aun así, pierde 11 de los escaños que tuvo en 2019 y solo mantiene uno por Valladolid, correspondiente a Francisco Igea, vicepresidente de la Junta en estos casi tres años hasta que el PP rompió el pacto de gobierno para convocar elecciones. Sin embargo, los votos de Cs no han ido mayoritariamente al PP sino que se han repartido en la abstención, regionalistas o la ultraderecha.

Por Ávila es un partido regionalista que nació en 2019 como escisión del PP local. Ya en esas elecciones dio la sorpresa al conseguir un escaño en esa provincia y la alcaldía de la capital homónima. Esta vez mejoran su porcentaje de votos y ganan en la capital, con lo que su proyecto parece consolidado.

La extrema derecha ha tenido un fuerte auge al pasar de uno a 13 escaños. Es un nuevo éxito en un contexto de subida de las opciones eurófobas, racistas, xenófobas, machistas y homófobas en todo el continente, con la particularidad de que en España no se ha hecho en ningún momento un cordón sanitario a los extremistas sino que la derecha conservadora tradicional ha preferido apoyarse en ellos. De momento, en Castilla y León exigen su entrada en el gobierno de la Junta para apoyar la investidura de Mañueco, así como la derogación de la ley contra la violencia machista y la de memoria histórica, leyes especialmente odiadas por los ultras.

Así, estas elecciones tienen pocos vencedores: la extrema derecha y los partidos regionalistas (UPL, Soria ¡YA! y Por Ávila). Entre los perdedores están todos los demás, incluidos los dos más votados: el PP esperaba un resultado mucho mejor y pecó de exceso de confianza. El PSOE ha retrocedido de manera importante y no tiene opciones de gobierno aunque haya salvado los muebles. Y Unidas Podemos y Ciudadanos han quedado relegados a la irrelevancia.

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