Francisco Gómez de Sandoval y Rojas (Tordesillas, 1553-Valladolid, 1625), valido con el rey Felipe III y, posiblemente, uno de los mayores corruptos de la historia española.
Muchas veces parece que
la corrupción es algo muy actual en España y, por desgracia, así es dados los
casos destacados de corrupción que han afectado a diferentes instituciones y
cargos políticos en los últimos años. Sin embargo, no es un fenómeno nuevo en
el país. Durante la dictadura franquista parecía
que no había corrupción porque la prensa estaba censurada por el régimen, pero
la había, como demuestra que ni la dictadura pudo tapar un escándalo mayúsculo
como el de Matesa en 1969, que provocó incluso una remodelación del gobierno.
Sin embargo, en este
artículo vamos a tratar una corrupción más alejada en el tiempo que supuso que,
ni más ni menos, la capital de España fuese trasladada debido a pingües
beneficios. Vamos a hablar del que puede ser el mayor corrupto de nuestra
historia: el Duque de Lerma.
Francisco de Sandoval y
Rojas, más conocido por su título nobiliario, fue valido del rey Felipe III.
Este, indolente, decidió dejar las labores del gobierno a una persona de su
confianza, un valido, que sería Sandoval. A partir de ahí comenzaría la
historia corrupta que nos ocupa. Tan corrupto era el sujeto que, cuando fue
destituido, corrió una copla entre el pueblo que decía: “para no morir
ahorcado, el mayor ladrón de España se viste de colorado”. Y es que el Duque de
Lerma decidió hacerse cardenal para evitar sus responsabilidades en casos
de corrupción escandalosos que le afectaban.
Sin embargo, el culmen
fue el que quizá sea el mayor pelotazo urbanístico de nuestra historia, al llegar
a trasladar la capital del país de Madrid a Valladolid en 1601. Antes de esto,
ya había colocado en la Corte a familiares y amigos en lo que hoy sería un
flagrante caso de nepotismo. Era un hombre arrogante y muy ambicioso que
siempre quiso lucrarse en cada movimiento. Y, peor aún, sin temor a ser
descubierto y con gran descaro, sabiendo que contaba con el apoyo incondicional
del monarca.
Palacio ducal de Lerma, localidad beneficiada del cambio de capital a Valladolid, ya que fue a esa ciudad lo que El Escorial a Madrid.
El Duque había nacido
en Tordesillas en 1553 y, por tanto, tenía vínculos con Valladolid. Así, en
1601 convenció a Felipe III de la idoneidad de trasladar la Corte (capital) a la
ciudad del Pisuerga. Detrás no había motivos sentimentalistas sino pura
avaricia: previamente había adquirido numerosos terrenos en la ciudad que, con
el traslado capitolino, vendería a la Corona. Esto le reportó unos beneficios
que le hicieron el hombre más rico de todo el Imperio Español.
No satisfecho con esto,
solo cinco años después decidió repetir la operación, devolviendo la capital a
Madrid una vez había comprado palacios y viviendas a bajo coste debido a que la
ciudad había perdido la Corte. Una vez restaurada como capital, los precios
volvieron a subir, beneficiándose de ello Sandoval. Con todo ese dinero pudo
construirse un palacio de estilo italiano, junto a su hijo, quien sería el Duque de Uceda, en pleno centro de
Madrid y que hoy es la Capitanía General de la región militar centro y la sede
del Consejo de Estado, en la calle Mayor. Ese palacio era mayor que el mismo
Alcázar real, lo que demuestra la prepotencia del Duque.
El Palacio construido por la familia Sandoval, actualmente sede de la Región militar centro y del Consejo de Estado.
Además de la corrupción,
el gobierno de Sandoval estuvo marcado por la crisis económica, que llevó a una
nueva bancarrota debido a la alta deuda, y por una controvertida decisión que
empeoró todavía más la economía española: la expulsión de los moriscos en 1609,
que dejó despobladas amplias regiones de la geografía hispánica.
El proceso para
eliminarle fue impulsado por la misma reina Margarita, enemiga del Duque, quien
logró apoyos de entre los que habían sido perjudicados por las maniobras de Sandoval.
Así, finalmente hubo una investigación por sus finanzas y el Duque acabó cayendo en
1618, aunque la reina no vivió para ver el hundimiento de su rival.
Sabiendo que podía
esperarle la ejecución, como a su principal colaborador en 1621, Sandoval pidió
al Papa que le hiciese cardenal para protegerle (de ahí lo de “colorado”), con
ayuda a su vez del rey. Además, tuvo que abandonar la Corte y se refugió en sus
posesiones de Valladolid desde dónde vio cómo su propio hijo el Duque de Uceda,
peleaba por el puesto con el que sería el futuro valido con Felipe IV, el Conde-Duque
de Olivares.
La muerte de Felipe
III, su principal protector, en 1621 le puso en mayores dificultades. La llegada
del citado Olivares como valido hizo que no pudiese desplazarse fuera de
Valladolid y Burgos y que sus rentas fuesen embargadas. El viejo duque/cardenal
ya solo pudo quejarse al Papa de haber sido destruido en salud, hacienda y
dignidad a pesar de su categoría religiosa. En 1625 moriría en Valladolid,
completamente alejado de la vida pública.
A pesar de todas estas
informaciones, no se puede descartar que su mala fama haya sido algo exagerada
tras su caída con el objetivo de desprestigiarle (más aún), lo cual habría
corrido a cargo de su propio hijo, el duque de Uceda (¿de tal palo, tal
astilla?). Sin embargo, lo que no se puede negar es el origen turbio de sus
riquezas, con las que podría haber construido aproximadamente otros cinco monasterios
de El Escorial.
BIBLIOGRAFÍA
FLORISTÁN, A. (Coord.). Historia de España en la Edad Moderna. Barcelona: Ariel, 2011.




Me gustaría añadir a este buen artículo que uno de los principales colaboradores en la destitución fue su hijo, que le odiaba abiertamente. Y que el principal damnificado de este asunto no fue el de Lerma, que perdió gran parte de sus privilegios, aunque siguió viviendo en la opulencia, sino el Secretario de Estado don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias. El valido del valido. Acompañó al de Lerma en sus demanes, pero no en su suerte. Calderón fue arrestado, torturado, y degollado en la Plaza Mayor de Madrid, como asesino de un soldado en Flandes.
ResponderEliminar