miércoles, 14 de marzo de 2012

Reino Unido y España, ¿Tan diferentes?


Reino Unido y España. Dos Estados muy diferentes, nadie lo negará. Reino Unido ocupa la isla de Gran Bretaña (la séptima más grande del mundo) y el norte de la isla de Irlanda además de numerosos restos de su antaño poderoso Imperio Británico por todo el mundo. España por su parte ocupa la mayor parte de la Península Ibérica y también tiene algunos restos de un pasado glorioso (aunque en mucha menor medida que el Reino Unido).

El Reino Unido, llamado en nuestro país de forma incorrecta Gran Bretaña (no sólo ocupa esa isla) o Inglaterra (uno de sus cuatro países constituyentes), es un país habitualmente euro escéptico mientras que España es aún uno de los países más europeístas de la Unión Europea.

Ambos Estados nunca han sido amigos y la Historia nos lo demuestra. España y Reino Unido son conocidos por sus habituales rencillas algunas muy extendidas entre la población española como la famosa pérdida de la Armada Invencible (atribuida a “los elementos” por el rey Felipe II, aunque no todo fue debido a la meteorología según muchos datos) o la batalla de Trafalgar. Pero la espinita que aún hoy tiene España con el Reino Unido es sin duda Gibraltar. Un peñón de 1 km2 situado al sur de la Península Ibérica y que España perdió en la Guerra de Sucesión (1700-1714) y aún no ha recuperado.

A pesar de todo esto, hay más semejanzas entre ambos países de lo que británicos y españoles pueden pensar y en este artículo voy a considerar algunas de ellas aunque siempre bajo el prisma de las grandes diferencias que hay entre ambas naciones.

Para empezar ambos países son monarquías y además muy antiguas. La monarquía británica desciende de la Edad Media al igual que la española. Antes de la Edad Media ambos países habían formado parte del Imperio Romano aunque con diferencias claras. Hispania fue plenamente romanizada por muchos siglos de ocupación romana mientras que en Britania la ocupación romana fue más débil y de menor duración. Cuando el emperador Claudio conquistó Britania, Hispania llevaba ya siglos de dominación romana. Además, no toda Gran Bretaña fue ocupada por Roma. La actual Escocia, habitada entonces por los temibles caledonios, fue imposible de conquistar. Hispania por su parte fue ocupada por completo por el emperador Augusto alrededor del año 30 a. C.

Volviendo a las monarquías hay que considerar que la británica tiene aún más tradición que la española. Desde la Edad Media el único “parón” en ese sistema de gobierno fue en el S. XVII con la Commonweath de Cromwell (1653-1659) que supuso el asesinato del monarca. Antes de ese parón habían destacado los reinados de dinastías tan famosas como los Tudor con reyes como Enrique VIII, María I e Isabel I. Tras la Commonweath comenzó el reinado de los Estuardo y, posteriormente, Hannover. A partir de 1910 comenzó la actual dinastía, los Windsor, hasta llegar a la reina actual, Isabel II, en el trono desde 1952.

En España la monarquía ha tenido un camino un poco diferente. Desde la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón por el reinado de los Reyes Católicos, España ha tenido al mismo rey (o reina) en todo el territorio aunque hay que señalar que la unión dinástica de los Reyes Católicos no fue una unión política de ambos reinos ya que ambos mantuvieron su independencia, sus instituciones propias, moneda, leyes, etc. Sin embargo, las diferencias entre ambas coronas fueron diluyéndose con los largos reinados de la dinastía Habsburgo (también llamados los Austrias) hasta el año 1700 cuando llegó una nueva dinastía, los Borbones, que unificaron políticamente todo el reino a base de eliminar los fueros históricos de la Corona de Aragón.

A partir de ahí, la dinastía Borbona ha perdurado hasta la actualidad pero con notables parones habiendo habido varias restauraciones. El primer “parón” vino con la invasión de Napoleón de España en 1808 que supuso el ascenso al poder de su hermano José I (y último). Tras la Guerra de la Independencia se restauró a los Borbones que se mantuvieron en el trono hasta 1868, año de la Revolución Gloriosa que destronó a Isabel II y abrió el Sexenio Democrático, seis años de inestabilidad que trajeron una nueva monarquía de origen extranjero (los Saboya italianos) y la I República, ambos proyectos fallidos. En 1874 volvieron los Borbones con el rey Alfonso XII y se mantuvieron hasta 1931, cuando Alfonso XIII fue obligado a irse de España al proclamarse la II República. Fue en este momento en el que ambos Estados, Reino Unido y España, fueron más diferentes entre sí. Este parón (el último hasta la fecha) fue el más prolongado de la Historia de España, primero con una república democrática y más tarde con una cruenta Guerra Civil y una dictadura hasta 1975, año en el que ascendió al trono el rey actual, Juan Carlos I.

Siguiendo con las semejanzas y diferencias entre ambos Estados, recordar que Reino Unido es más pequeño que España en extensión (244.820 km2 frente a 504.645) pero tiene más población (61.284.806 millones de habitantes frente a los 47.190.493 de España), concentrada especialmente en Inglaterra (de los más de 61 millones dichos anteriormente, Inglaterra por sí sola concentra 51 millones). España por su parte tiene la población mucho más distribuida en el territorio aunque principalmente se sitúa en la costa mientras que el interior está más despoblado (salvo Madrid).

Reino Unido es actualmente la séptima potencia mundial aunque, como los demás países europeos, está dejando paso a nuevas potencias recientemente industrializadas y ya está en el ranking por detrás de Brasil. España está sumida en una profunda crisis y se sitúa unos puestos por detrás, en el 12º, por detrás de la India.
Se observa por tanto la semejanza de que aunque Reino Unido tiene una economía más fuerte que la española ambos están siendo rebasados por países emergentes como son Brasil o India. En la renta per cápita (la que realmente muestra el nivel adquisitivo medio de la ciudadanía) Reino Unido está en el puesto 20º y España en el 25º.

En Reino Unido hay una ciudad que domina plenamente el Estado y sin rivales: la capital, Londres. Destaca por su población (casi 8 millones en la ciudad y 12 millones en el área metropolitana) y por su influencia internacional. Le siguen muy de lejos ciudades inglesas como Birmingham o Liverpool. Las capitales de los demás países constituyentes quedan por detrás. Edimburgo, capital de Escocia, ni siquiera es la ciudad más poblada de ese país ya que es Glasgow. En Gales, otro de los países constituyentes, la capital, Cardiff, tiene apenas 300.000 habitantes y la capital de Irlanda del Norte, Belfast, alcanza los 260.000. Así, Londres tiene la exclusiva.

En España también hay una ciudad que concentra mucha influencia y población, Madrid, en su papel de capital del Estado. Madrid tiene algo más de 3 millones de habitantes en la ciudad y 6 millones y medio en su área metropolitana. Sin embargo, siempre ha tenido el contrapeso de Barcelona, la capital de Cataluña, una de las comunidades autónomas españolas con mayor peso y tradición histórica. Barcelona tiene 1 millón y medio de habitantes en la ciudad pero contando su área metropolitana llega a los 5 millones y medio. Por tanto, la situación en España se acerca más a la bicefalia que al poderío de una sola ciudad. Las demás grandes ciudades españolas, eso sí, quedan muy por detrás a pesar de ser capitales autonómicas como Valencia, Sevilla o Zaragoza.

Otra diferencia notable es que mientras que en Reino Unido se han aceptado sin problemas sus cuatro países constituyentes en una división motivada por motivos claramente históricos, en España las comunidades autónomas responden en muchos casos a motivos estrictamente administrativos y no históricos. De las 17 autonomías sólo se consideran oficialmente cuatro históricas: Galicia, Euskadi, Cataluña y Andalucía. Esta división tiene claras equivocaciones. Si hubiese que dividir España por motivos históricos Euskadi sola no tendría sentido sin Navarra pues ambas eran originariamente el reino de Navarra (aunque más tarde la zona de Euskadi pasó a Castilla como el señorío de Vizcaya). Cataluña sola nunca ha existido (ni siquiera en sus inicios ya que estaba dividida en varios condados) sino que formaba parte, junto con Aragón, Valencia y Mallorca, de la Corona de Aragón. Galicia por su parte sí era considerado reino dentro de la corona castellanoleonesa (aunque sin autonomía). Andalucía estaba fraccionada debido a la existencia del reino de Granada entre los siglos XIII y XV y luego, dentro de Castilla, se consideraban varios reinos nominales, Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. Por tanto, la división de las autonomías actuales no responde a criterios estrictamente históricos pero nos hemos acostumbrado a esta división (al menos los que nacimos cuando ya estaban creadas).

Y, para finalizar, me gustaría analizar el sistema partidista de ambos Estados que, curiosamente, sí muestra coincidencias. Actualmente ambos tienen un sistema parlamentario con dos cámaras, alta y baja. Reino Unido tiene una tradición democrática mucho más fuerte que la española (truncada por la dictadura franquista) pero desde la Transición España se ha puesto al mismo nivel que sus vecinos europeos y tiene un sistema partidista plenamente consolidado. Al igual que en Reino Unido hay dos partidos principales que se han ido turnando en el gobierno. En Reino Unido este sistema se remonta a principios del S. XIX mientras que en España hasta mediados del S. XIX no se pudo observar una alternancia clara. En Reino Unido destacaban hasta principios del S. XX dos partidos: the Conservative and Unionist Party (que sigue existiendo hoy en día) y the Liberal Party (distinto al actual). Ambos se turnaban en el gobierno con un sufragio censitario. En España era igual pero el sistema de la Restauración es conocido por sus triquiñuelas y pucherazos en las elecciones. Los dos partidos aquí eran el Partido Liberal-Conservador y el Partido Liberal por lo que es un sistema prácticamente igual al británico. La diferencia vino cuando, en los años 20, hubo un cambio de poder de los partidos británicos. El Partido Laborista, de carácter socialista y obrero, pudo superar al Partido Liberal y se convirtió en uno de los dos partidos gubernamentales, junto a los conservadores. Esta situación perdura hasta hoy. En España esto no se dio de la misma manera al ser un sistema menos consolidado y con una notable influencia del caciquismo. Hasta la II República el Partido Socialista no ascendió como fuerza principal, junto a partidos de derechas como la CEDA o el Partido Radical. El Partido Conservador había desaparecido en 1931. la Guerra Civil y la posterior dictadura eliminaron todo el sistema partidista al haber sólo un partido permitido, la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS), que agrupaba a todos los que habían apoyado el golpe de Estado contra la República en 1936, desde falangistas a carlistas. Es aquí cuando Reino Unido y España fueron más diferentes en toda su Historia.

Con la llegada de la Democracia y, dando un ejemplar proceso de Transición, el sistema partidista español se rehízo de manera muy parecida a la británica. Dos partidos principales con opciones a gobernar y varios partidos menores, algunos de carácter nacional y otros regionales. En Reino Unido destacan, además de conservadores y laboristas, the Liberal-Democrats (lo que queda del Liberal Party de Lloyd George, Asquith o Gladstone), como tercera fuerza aunque muy por detrás de los dos grandes. Y, por debajo, destacan algunos partidos regionales como el SNP (Scottish National Party, nacionalista escocés), Plaid Cymru (de Gales) o el Ulster Unionist Party o el Sinn Fein por Irlanda del Norte.

Esta situación se asemeja a la española actualmente. El Partido Popular (de carácter conservador) controla casi todo el espacio de derecha en España, desde conservadores y demócrata cristianos a liberales. El otro gran partido es el Partido Socialista que aglutina al centroizquierda. Los liberales no se agrupan en un partido como pasa en Reino Unido. Sin embargo, en España el tercer partido en representación es la coalición Izquierda Unida, formada por comunistas principalmente y dominada por el Partido Comunista de España. En Reino Unido los comunistas nunca fueron fuertes.
Por debajo se repite lo mismo que en Reino Unido con varios partidos regionales y nacionalistas siendo los principales Convergència i Unió y Esquerra Republicana por Cataluña, el Partido Nacionalista Vasco y la nueva coalición Amaiur por Euskadi y otros partidos nacionalistas de comunidades como Galicia (Bloque Nacionalista Galego), Canarias (Coalición Canaria), Valencia (Coalició Compromís) o Navarra (Geroa Bai). En España además tiene cierta fuerza actualmente un cuarto partido nacional, Unión Progreso y Democracia, que tiene un carácter principalmente socioliberal y toma votos a izquierda y derecha.

Por tanto, a lo largo de este artículo, en el que he mezclado Historia y actualidad, se puede observar que ambas naciones tienen unas ciertas semejanzas que hacen que no seamos tan distintos como creemos británicos y españoles aunque, como he dicho al principio, las diferencias son notables aunque en los últimos treinta años se han ido limitando.

1 comentario:

  1. Te falta explicar la influencia en la cultura política de ambos países de los muy diferentes sistemas electorales. En el Reino Unido los votantes, y las asociaciones locales de los partidos tienen un gran poder a la hora de elegir a los candidatos, lo que deriva en un control mucho mas débil de las directivas de los partidos que necesitan mucha más mano izquierda para imponerse. Además esto evita en gran medida la corruptelas, ya que los electores no perdonan los chanchullos. El problema es que, para conseguir mayoría en los Comunes hay que asegurarse la concentración de votos en las circunscripciones clave.
    La Cámara de los Lores no es elegida sino nombrada por la directiva de los partidos con mayor representación parlamentaria y tiene una función mayormente consultiva, su oposición puede ser revertida por los Comunes. No es una cámara de representación regional.

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