En 2016 aprobé mis primeras oposiciones para ser profesor de Geografía e Historia. Yo estudié Historia en la universidad de 2010 a 2014 y, después, el máster de formación de profesorado en ESO y Bachillerato de 2014 a 2015. Fueron muchos años de trabajo universitario pero que por sí solos podían no ser suficientes para ejercer la docencia. Así, hice las oposiciones.
Las oposiciones son el típico sistema en España para acceder a la función pública. Los profesores de colegios e institutos públicos somos funcionarios, por lo que trabajamos para el Estado y este es el responsable de pagarnos por ello. Por ello, hay que pasar por las ya mencionadas oposiciones, algo que no ocurre en el caso de los profesores de la educación privada o privada-concertada, que seleccionan a su profesorado siempre que este cumpla con los criterios establecidos para ello (en formación académica y formación docente).
Una vez dicho esto, necesario para entender cómo funciona el sistema de selección de docentes, quiero comentar que, pese a aprobar en 2016, lo hice sin conseguir una de las plazas. Aun aprobando con un notable, carecía de experiencia docente y, por ello, casi no tenía puntos de méritos, lo que hizo imposible sacar plaza. Además, tampoco quedé en un puesto destacado de la lista de interinos, por lo que no me llamaron en todo ese curso 2016-2017.
Tuve que buscarme la vida y trabajar en otros sectores aunque no me gustase nada. Pude ver lo que es trabajar duro por un sueldo modesto, adelgazar de no parar y otras cosas que hacen día a día millones de personas, y empatizar por ello desde entonces.
En 2017, no obstante, la situación cambió. Primero abandoné ese trabajo en un hipermercado y decidí que tenía que apostar por mi profesión. Así, entré como profesor en una academia en Alcalá de Henares. Estuve dando clase ese verano de 2017 y seguí a su término. El sueldo era bajo dado que no eran muchas horas y, además, daba clase de casi todo lo que tuviera que ver con las Humanidades y Ciencias Sociales, desde lengua castellana a inglés, filosofía o mi querida materia, Geografía e Historia (aunque esta en pocos casos). Ese verano también conseguí habilitarme en inglés, de manera que podía dar clase de mi materia tanto en español como en inglés, algo muy necesario en la Comunidad de Madrid, en la que en los centros bilingües mi materia se imparte en lengua inglesa. Es algo polémico y con resultados a veces discretos pero para mí era fundamental para acceder a la docencia, vistos los resultados de 2016.
En octubre de 2017 se me abrió una nueva oportunidad. Una antigua compañera de trabajo me avisó de que había tenido que abandonar un colegio concertado por problemas con el certificado bilingüe, para que presentase mi candidatura. Le estoy muy agradecido ya que esto permitió que me incorporara al mismo ese mismo mes. Sin embargo, mi experiencia en ese centro fue más bien difícil. Me encontré con alumnos y alumnas muy problemáticos en bastantes casos y con una educación que dejaba mucho que desear. Esto, sumado a que estaba muy verde como docente y a una lamentable falta de apoyo de la dirección del colegio (todo hay que decirlo), conllevó que me cuestionase si de verdad estaba capacitado para dar clase en esos niveles. Con todo, sobreviví y acabé el curso sin mayores contratiempos… justo para hacer mis segundas oposiciones en 2018.
Volví a aprobarlas y con una nota semejante a la de 2016. El problema fue que me encontraba casi en la misma situación que dos años atrás y no tenía suficientes puntos de experiencia en el baremo, con lo que volví a aprobar sin plaza. El sabor esa vez fue, sin embargo, agridulce. No conseguí plaza pero ese verano se me asignó una plaza vacante para trabajar en el siguiente curso como funcionario interino por primera vez. Así podía ir sumando puntos de experiencia en el baremo para futuras oposiciones y podía trabajar en lo que quería y, además, cerca de casa gracias a la habilitación bilingüe y a haber aprobado ya dos oposiciones.
Estuve tres años trabajando en el mismo instituto en Torrejón de Ardoz. Aprendí mucho en esos primeros años, con clases en su mayoría agradables, en especial una de 2º de Bachillerato, las de 4º de ESO y también algunas de 1º, 2º y 3º de ESO.
En 2020 tocaban mis terceras oposiciones… pero llegó la pandemia y, con ella, se paró todo. Las oposiciones se pospusieron un año por seguridad y las clases se interrumpieron teniendo que lidiar durante meses con esa educación on-line que se queda muy, muy lejos de la educación presencial, os lo aseguro. El siguiente curso, 2020-2021, fue de tensión extrema debido a la pandemia. Clases con ventanas abiertas, mucho frío, mascarillas y cierta psicosis. Incluso uno de mis compañeros de departamento falleció de covid, lo que me afectó muchísimo, viendo muy de cerca el rostro más oscuro de la pandemia.
Y, a finales de ese curso… las oposiciones. A pesar de la preparación, no aprobé la segunda parte, consistente en exponer a un tribunal una programación y unidad didácticas. Aún no sé los motivos de ese suspenso, ya que no recibí contestación a mi reclamación, en la que pedí que me comentasen qué debía mejorar para la siguiente. Intuyo que fue la temporalización en sesiones, pero nunca se sabrá. En cualquier caso, era la primera vez que suspendía las oposiciones, con lo que sentí que me estancaba profesionalmente.
Afortunadamente, no faltó trabajo. Me enviaron a otro centro, en el que he estado dos años hasta ahora, que también estaba bien y en el que he trabajado a gusto, a pesar de algún grupo de alumnos más complicado de lo que acostumbro, pero eso es parte de mi trabajo y es algo que todo docente debe asumir cuando entra en este mundo: el mundo ideal de alumnos escuchando atentamente al profesor existe… en algunos grupos. En otros, hay que emplearse a fondo en conseguir su atención y, en algunos casos, también su respeto y un mínimo de educación.
Y llegamos así a junio de 2023. Mis cuartas oposiciones, coincidiendo esta vez dos procesos a la vez: de reposición (oposición “normal” para reponer puestos de profesores que se jubilan) y de estabilización (oposición en principio más asequible al no haber partes eliminatorias, con el objetivo de hacer funcionarios a quienes llevaban años de interinos). Hice ambas… y he aprobado las dos. Y esta vez la situación era muy distinta a 2016 y 2018. Llevo ya años trabajando y mi baremo de puntos estaba bastante alto. He sacado plaza (o plazas, al aprobar ambas y haber tenido que elegir una de las dos. La otra queda libre para otra persona).
La moraleja de mi historia personal es que hay que perseverar. En esta vida es difícil lograr los objetivos a la primera y hay que seguir intentándolo. Sin conformarse ni hundirse, trabajando e insistiendo. Todo tiene un coste (unas oposiciones, por ejemplo, son especialmente exigentes desde un punto de vista de salud mental), pero se puede conseguir con paciencia. Y con mi ejemplo quiero transmitir esa idea a mis alumnos y alumnas.
Ah, y que vivan los servicios públicos. Siempre.





