miércoles, 2 de noviembre de 2016

Las siete colinas de Roma



Roma se originó en un cruce de caminos situado en un lugar estratégico: a orillas del río Tíber, a unos 30 kilómetros del mar y en una zona con pequeñas elevaciones, colinas, que salvaguardaban la seguridad de sus primitivos habitantes. En sus inicios, había espacios pantanosos entre algunas de esas colinas, sobre todo en lo que luego sería el Foro de la ciudad, que solo se pudo construir a raíz de ser drenada toda el área. 

Son especialmente famosas sus siete colinas. La ciudad primitiva, sin embargo, pudo originarse en solo una de ellas, como reconocen tanto la mitología como la arqueología: el monte Palatino. Este tiene unos 40 metros de altura sobre el nivel del mar y es la colina más céntrica. En el mismo fue donde según la leyenda Rómulo fundó la ciudad y donde este mató a su hermano Remo. También fue allí donde supuestamente la loba les habría encontrado y cuidado tras ser abandonados. Con el auge de Roma, la colina se convirtió en el lugar de residencia de las familias más ricas y poderosas. Con la llegada del imperio, Augusto y sus sucesores fueron haciéndose con casi toda la colina y el complejo imperial llegó a ocupar buena parte de la misma. Actualmente es un parque arqueológico que ha sobrevivido a guerras y especulación urbanística y se puede visitar junto con los Foros, situados al norte del Palatino.
 Vista del Palatino en la actualidad. 

Según la leyenda, Remo pretendió que la ciudad no se fundara en el Palatino sino en su vecina al sur: el Aventino. Su situación era fundamental ya que era la primera a la que se llegaba desde el mar si se remontaba el río. Fue especialmente relevante la secesión de la plebe en 449 a. C, cuando los plebeyos, en protesta por no tener los mismos derechos que los patricios, se fueron de lo que era entonces Roma y se asentaron en el Aventino, amenazando con fundar otra ciudad si los nobles no accedían a sus exigencias. Finalmente, los patricios aceptaron dar más derechos a la plebe. Actualmente, el Aventino es una tranquila zona residencial con rica arquitectura. 
 El Aventino actualmente. 

Al otro lado del Palatino está otra de las colinas más importantes de la ciudad: el Capitolino. Tiene unos 50 metros de altura y es algo más escarpada y pequeña que las demás. Se situaba entre el Foro y el Campo de Marte y desde los inicios de la ciudad era un espacio dedicado a la religión. En la misma se situaba un templo dedicado a la Tríada Capitolina (es decir, los dioses principales de Roma: Júpiter, Juno y Minerva). En realidad, el Capitolino estaba formado por dos picos: el propio Capitolino y el Arx. Otros hitos de esta colina eran el Tabularium (archivo de la ciudad) y la Roca Tarpeya, desde la que se arrojaba a los traidores. El Capitolino y su escarpada pendiente salvaron a muchos romanos de la invasión gala del siglo IV a. C. Esa altura aún hoy es claramente perceptible aunque la colina dista mucho de parecerse a sus orígenes tras la profunda remodelación a la que fue sometida en época renacentista por iniciativa papal. Lo más “clásico” del actual Capitolino, de hecho, es la réplica de la estatua del emperador Marco Aurelio en su centro. Anexo a esta colina está el enorme monumento al rey Víctor Manuel II, que asombra (y también puede horrorizar) a partes iguales.
 El Capitolino en nuestros días. 

Las otras cuatro colinas de Roma son menos conocidas que las tres anteriores pero aún así conviene tenerlas en cuenta. En primer lugar, el monte Celio, situada al sureste del Foro. En época de la República fue una zona en la que habitaban personas de clase alta. Actualmente, buena parte de la colina está ocupada por la Villa Celimontana y sus jardines, del siglo XVI. 
 Monte Celio. 

El monte Esquilino (pronunciado en latín Escuilino) era la colina más oriental de la ciudad y la más alta: unos 65 metros de altura. Separaba la zona centro de la antigua Roma de la muralla serviana y la necrópolis, situada extramuros. 
  Monte Esquilino. 
 
Al norte de Roma se sitúan las dos últimas colinas: el Quirinal y el Viminal (pronunciadas Cuirinal y Uiminal). El Quirinal recibió su nombre del dios romano Quirino, nombre con el que se veneró a Rómulo tras su presenta desaparición para ascender a los cielos (aunque, si Rómulo existió realmente, seguramente fuese asesinado). Actualmente el Quirinal es conocido sobre todo por el palacio homónimo, sede del presidente de la República Italiana. El Viminal se encuentra entre la anterior y el Esquilino y es una pequeña colina en donde en época clásica hubo unas termas relevantes. Actualmente es una zona residencial. 
  El Quirinal con el enorme palacio del mismo nombre en el centro. 
 
A las siete colinas tradicionales se suman la Vaticana y la Janícula al oeste del río Tíber (sobre la Vaticana está la Ciudad del Vaticano) y el monte Pincio al norte del Quirinal, sede de grandes mansiones y jardines de romanos acaudalados en época clásica. En cualquier caso, el crecimiento de la ciudad y el mero paso de los siglos y, con ellos, la transformación urbana de Roma, han hecho que las colinas sean menos reconocibles a simple vista para un paseante que no las conozca.  

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