Antes de la
construcción de las primeras líneas de
ferrocarril en España lo más rápido si querías moverte por el país eran las
diligencias, carruajes regulares que circulaban por las carreteras españolas de
la época. Sin embargo, aún así era cuestión de varios días el traslado entre
regiones.
Por tanto, la
inauguración del ferrocarril fue todo un acontecimiento que los gobiernos de la
época utilizaron como escaparate de la progresiva (aunque muy lenta e
incompleta) modernización de España.
El primer ferrocarril
propiamente español, sin embargo, no se construyó en la Península sino en Cuba,
colonia española hasta 1898, y correspondió con la línea La Habana-Güines en
1837. El ferrocarril era un protagonista de la Revolución Industrial junto al
carbón, el hierro (ambos ligados al ferrocarril para la fabricación de las
locomotoras y de las vías, así como para producir la energía necesaria para la
máquina de vapor que impulsaba la maquinaria) e industrias como la siderurgia
(también relacionada estrechamente con el ferrocarril) o la textil.
Locomotora de la compañía MZA en 1920.
A la Península el
ferrocarril no llegó hasta 1848, cuando se inauguró con todo boato la línea
Barcelona-Mataró, de 29 kilómetros y que sigue hoy en uso. La siguiente línea
fue en 1851, de Madrid a Aranjuez y que hoy forma parte de la línea C-3 de la
red de Cercanías. Sin embargo, como se ve, a mediados del siglo XIX el
ferrocarril aún estaba muy limitado. El motivo era la reticencia del entonces
gobierno moderado a impulsar su construcción.
Cuadro sobre la inauguración del ferrocarril entre Gijón y Langreo en 1852.
Un aspecto
fundamental del ferrocarril en España es que su ancho de vía es mayor que el
europeo. Hay muchas explicaciones al respecto, muchas peregrinas. Se dijo que
el motivo fue que se quería evitar así una posible invasión desde Francia
(¿Acaso en 1808, cuando no existía el ferrocarril, se había impedido?). En
realidad, el motivo fue más práctico: el relieve español es muy abrupto con
numerosos sistemas montañosos. Así, se necesitaba de locomotoras con mayor
capacidad en su maquinaria para poder ascender las abundantes pendientes. Para
ello, un ancho de vía mayor era conveniente. El problema de esta decisión es
que España quedó aislada del resto de Europa por ferrocarril, al tener que
cambiar de vía en la frontera. Este aislamiento se prolongó nada menos que
hasta 2010, cuando se abrió la línea de alta velocidad hasta la frontera
francesa.
La gran expansión del
ferrocarril vino con la aprobación de la Ley de Ferrocarriles en 1855 por parte
del gobierno progresista. Al contrario que los moderados, los progresistas
pensaban que el ferrocarril era indispensable para la modernización y
desarrollo del país. Así, la ley impulsó definitivamente la construcción del
mismo por toda España.
De esta manera, en
tan solo trece años se construyeron cientos de kilómetros de ferrocarril. El
centro de la red sería Madrid, como ya ocurría con las carreteras. La rápida
expansión se debió a la colaboración entre empresas extranjeras (sobre todo
francesas), españolas y el gobierno. Así, se crearon varias compañías
ferroviarias. Las principales fueron la MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante), la
Compañía de los Caminos de Hierro del Norte y la Compañía de Ferrocarriles
Andaluces.
La gran expansión del ferrocarril en el siglo XIX.
Esta situación, con
diferentes compañías gestionando las líneas de ferrocarril españolas, se
prolongó mucho tiempo. Una vez construidos tantos kilómetros, el proceso de
expansión se detuvo y pasó a asegurarse su mantenimiento en los siguientes
años. El esfuerzo de España en la construcción del ferrocarril fue brutal y los
beneficios fueron menores de lo esperado pero sí se consiguió articular el país
y mejorar considerablemente el transporte.
La expansión de la
red ferroviaria española se truncó con la Guerra Civil española de 1936 a 1939,
que dañó seriamente las infraestructuras. Una vez en el poder el dictador
Francisco Franco, el gobierno tomó una decisión que fue similar a la de los
países comunistas: nacionalizar todos los ferrocarriles de ancho de vía ibérico
en 1941. Así, todas las compañías privadas existentes desde el siglo XIX
desaparecieron, naciendo la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles
(RENFE). En cuanto a los ferrocarriles de vía estrecha, que en España son solo
algunas líneas en el norte, mantuvieron su independencia y siguieron siendo
gestionados por empresas privadas hasta que en 1965 fueron también
nacionalizados, naciendo los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE).
Antiguo logo del monopolio del ferrocarril en España: RENFE.
Tras la Transición a
la democracia, se comenzó a dejar de operar muchas líneas de ferrocarril que no
eran económicamente rentables, de manera que la red se redujo sustancialmente:
en 1985 se clausuraron nada menos que 914 km y 132 estaciones. También en esa
época se transfirieron muchas vías a las comunidades autónomas. En las grandes
ciudades y sus áreas metropolitanas nacieron a su vez los servicios de Cercanías para trayectos diarios.
Como dato de interés,
en 1983 se creó el Museo del Ferrocarril en la antigua estación de tren de
Delicias, en donde continúa su interesante labor divulgativa de la historia del
ferrocarril.
Esta tendencia a
cerrar ferrocarriles se invirtió en 1992, cuando se inauguró la primera línea
de alta velocidad en España: el AVE (Alta Velocidad Española) Madrid-Sevilla,
que llega a alcanzar velocidades de 300 km/h e incluso más. Las líneas de alta
velocidad se convirtieron en un símbolo de la modernidad de España y todos los
gobiernos desde entonces se han lanzado a construir más y más tramos, siendo
España actualmente el segundo país del mundo con más kilómetros de ferrocarril
de alta velocidad, tras China. Estas líneas se construyeron ya con ancho de vía
europeo, por lo que actualmente conviven tres anchos de vía diferentes en los
ferrocarriles españoles: europeo, ibérico y estrecho.
Mapa de la actual red de ferrocarril en España: en azul la alta velocidad (ancho de vía europeo o estándar), en rojo el ancho ibérico y en verde el ancho estrecho (FEVE).
RENFE continuó teniendo
el monopolio de la red de ferrocarril tras la Transición pero la incorporación
a la Comunidad Europea y el inicio de la liberalización del sector motivaron
que RENFE fuera dividida en 2005 en dos organismos, a su vez públicos: el
Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) y Renfe Operadora. ADIF
se encarga de la gestión de la infraestructura, es decir, las vías y las
estaciones de ferrocarril, mientras que Renfe Operadora se ocupa del transporte
de pasajeros y mercancías así como del material ferroviario (trenes). Se decidió
dejar el nombre de Renfe al organismo más cercano a los pasajeros, debido a su
popularidad. De esta manera, actualmente se puede observar el nombre de ADIF en
las estaciones y el de Renfe en los trenes y los billetes.
Los logos de ADIF y de Renfe Operadora que se pueden ver hoy en las estaciones (ADIF), trenes, billetes (Renfe) y otros servicios ferroviarios.
El último gran cambio
que hubo en la red de ferrocarril fue el fin de FEVE en 2012, que quedó
integrado definitivamente en ADIF y en Renfe Operadora.







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