martes, 17 de marzo de 2015

La reutilización de las ruinas romanas




Las ruinas romanas nos fascinan por su majestuosidad y extraordinaria habilidad constructiva. Esta semana he visitado Segovia y he podido admirar el famoso acueducto. Una tubería gigante de quince kilómetros que, al entrar en Segovia, se transporta mediante enormes arcos para sortear el desnivel del terreno. Más impresionante aún si cabe contando con que las piedras que lo forman están perfectamente encajadas, sin argamasa entre ellas que las una. Esto muestra unos conocimientos excepcionales en el campo de la ingeniería, que son asombrosos contando con que el acueducto data del siglo I d.C. 

Sin embargo, no todas las estructuras romanas han llegado a nuestros días en tan buen estado como el acueducto segoviano. En Roma lo que nos quedan hoy son ruinas, edificios que, sin perder su impresionante porte, han perdido una buena parte de su forma y componentes. Es el caso del famoso Coliseo, que ha perdido parte de su graderío así como su recubrimiento de mármol; los acueductos capitalinos; el Circo, del que solo queda el lugar en el que se asentaba que, milagrosamente, no fue edificado para otros fines; y, sobre todo, el Foro, que es un auténtico museo arqueológico al aire libre. En el Foro estaban presentes el poder político y económico mediante el Senado (perfectamente conservado debido a su conversión en iglesia en la Edad Media) y las basílicas, lugares de importante actividad comercial. De las basílicas actualmente queda muy poco ya que fueron reutilizadas para fines muy diferentes en la Edad Media. 

El objetivo era sobrevivir, y Roma había quedado casi abandonada a pesar de ser la sede papal. En la Alta Edad Media (muy diferente a la Baja Edad Media) y sobre todo al principio, con la caída del Imperio Romano, la inestabilidad era evidente. Los reinos eran muy débiles y el poder se fragmentó originando lo que sería el feudalismo. Las incursiones de piratas norteafricanos en el Mediterráneo y de vikingos en el Atlántico (con incursiones que llegaron al Mediterráneo hasta Italia) junto con unos caminos plagados de salteadores hicieron que las ciudades no fueran consideradas seguras y se despoblaran hasta quedar reducidas a una sombra de lo que habían sido. Es el caso de Roma, en la que los antiguos edificios romanos fueron reutilizados. 

Hoy se vería como un ataque al Patrimonio pero en esa época las personas ocuparon esas estructuras por necesidad. Les quitaron piedras, reconvirtieron las basílicas en meros corrales para sus animales o las dividieron en habitáculos para intentar sobrevivir. Como ejemplo, la imagen del principio del artículo. Por tanto, no es de extrañar que las ruinas romanas hayan llegado a nuestros días como las conocemos, pero ello solo hace que aumenten aún más su valor. Al fin y al cabo, nadie sabe en qué estado estarán nuestros edificios contemporáneos dentro de un milenio.

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