Las ruinas romanas
nos fascinan por su majestuosidad y extraordinaria habilidad constructiva. Esta
semana he visitado Segovia y he podido admirar el famoso acueducto. Una tubería
gigante de quince kilómetros que, al entrar en Segovia, se transporta mediante
enormes arcos para sortear el desnivel del terreno. Más impresionante aún si
cabe contando con que las piedras que lo forman están perfectamente encajadas,
sin argamasa entre ellas que las una. Esto muestra unos conocimientos
excepcionales en el campo de la ingeniería, que son asombrosos contando con que
el acueducto data del siglo I d.C.
Sin embargo, no todas
las estructuras romanas han llegado a nuestros días en tan buen estado como el
acueducto segoviano. En Roma lo que nos quedan hoy son ruinas, edificios que,
sin perder su impresionante porte, han perdido una buena parte de su forma y
componentes. Es el caso del famoso Coliseo, que ha perdido parte de su graderío
así como su recubrimiento de mármol; los acueductos capitalinos; el Circo, del
que solo queda el lugar en el que se asentaba que, milagrosamente, no fue
edificado para otros fines; y, sobre todo, el Foro, que es un auténtico museo
arqueológico al aire libre. En el Foro estaban presentes el poder político y
económico mediante el Senado (perfectamente conservado debido a su conversión
en iglesia en la Edad Media) y las basílicas, lugares de importante actividad
comercial. De las basílicas actualmente queda muy poco ya que fueron
reutilizadas para fines muy diferentes en la Edad Media.
El objetivo era
sobrevivir, y Roma había quedado casi abandonada a pesar de ser la sede papal.
En la Alta Edad Media (muy diferente a la Baja Edad Media) y sobre todo al
principio, con la caída del Imperio Romano, la inestabilidad era evidente. Los
reinos eran muy débiles y el poder se fragmentó originando lo que sería el
feudalismo. Las incursiones de piratas norteafricanos en el Mediterráneo y de
vikingos en el Atlántico (con incursiones que llegaron al Mediterráneo hasta
Italia) junto con unos caminos plagados de salteadores hicieron que las
ciudades no fueran consideradas seguras y se despoblaran hasta quedar reducidas
a una sombra de lo que habían sido. Es el caso de Roma, en la que los antiguos
edificios romanos fueron reutilizados.
Hoy se vería como un
ataque al Patrimonio pero en esa época las personas ocuparon esas estructuras
por necesidad. Les quitaron piedras, reconvirtieron las basílicas en meros
corrales para sus animales o las dividieron en habitáculos para intentar
sobrevivir. Como ejemplo, la imagen del principio del artículo. Por tanto, no
es de extrañar que las ruinas romanas hayan llegado a nuestros días como las
conocemos, pero ello solo hace que aumenten aún más su valor. Al fin y al cabo,
nadie sabe en qué estado estarán nuestros edificios contemporáneos dentro de un
milenio.

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