En el mundo
actual quedan pocos vestigios de la enorme fragmentación política que hubo en épocas
pasadas como la Edad Media (por efecto del feudalismo) o incluso la Edad
Moderna. El feudalismo significó la división de los territorios en múltiples
condados, ducados y otras entidades menores que, si bien pertenecían a reinos, tenían
casi plena jurisdicción en los terrenos que les correspondían.
En otros casos
esos feudos ni siquiera pertenecían a un reino sino que eran plenamente
independientes y, de ahí, provienen algunos de los microestados que existen en
la actualidad.
Normalmente,
se considera microestado a todo Estado que tenga menos de 1.000 km² y además
una población normalmente reducida, aunque hay algunos como Singapur que
concentran en un territorio muy pequeño a millones de habitantes.
Singapur.
La mayoría de
los microestados que quedan se sitúan en Europa. Razones históricas y
culturales han hecho que hayan sobrevivido a todas las convulsiones de nuestro
continente. Posteriormente veremos con más detalle cuáles son.
En otros
continentes los microestados suelen existir por la descolonización y por sus
propias peculiaridades. Singapur,
uno de los ejemplos más conocidos, se sitúa en el sureste asiático, al sur de
la península malaya, y es a la vez una isla-nación, una ciudad-Estado (ya que
todo el territorio está ocupado por una ciudad de más de cinco millones de
habitantes) y, por tanto, un microestado. Fue una antigua colonia británica y
se le dio la independencia en la década de 1960. Otros casos menos conocidos
son muchas islas de las Pequeñas Antillas, también antiguas colonias británicas:
San Cristóbal y Nieves, Granada, San
Vicente y las Granadinas, Barbados, Antigua y Barbuda, Santa Lucía y Dominica. Otro tanto ocurre en Oceanía,
aunque allí en forma de agrupación de islas menores excepto Nauru, una pequeña
isla-nación: Tuvalu, las Islas Marshall, Palaos, Micronesia, Kiribati y Tonga.
Por último,
hay microestados en otras islas repartidas por el mundo, como en el Índico, que
normalmente también son ex colonias: las Maldivas
y las Seychelles y, en el golfo de
Guinea, la antigua colonia portuguesa de Santo
Tomé y Príncipe.
Para cerrar
los microestados no europeos, hay que resaltar Baréin, una isla en el golfo pérsico al oeste de Qatar, que es el
país más pequeño de la región. Como la mayoría de los anteriores, es una ex
colonia británica y en este caso la independencia se iba a mantener incluso con
la misma dinastía reinante, ya como emires, los al-Khalifa.
Los seis microestados
europeos son algunos de los más conocidos mundialmente, empezando por el más
pequeño de ellos y más conocido internacionalmente: la Ciudad del Vaticano. Tiene menos de 1.000 habitantes permanentes y tan
solo 0.44 km², es decir, no llega al medio kilómetro cuadrado y ello se debe a
que su cometido es el de ser sede física de la Santa Sede de la Iglesia Católica.
Erróneamente se la considera los restos de los antiguos Estados Pontificios, el
territorio en Italia central que dominaron los Papas durante siglos pero no es
así. Los Estados Pontificios fueron anexionados por el Reino de Italia a
finales del siglo XIX y la Iglesia quedó sin dominar un territorio directo, ni
siquiera la basílica de San Pedro. Sin embargo, tras años de negociaciones con
Italia, finalmente en 1929 se firmó el Pacto de Letrán con el que se creaba
este diminuto Estado dentro de Roma que incluye solo la basílica de San Pedro,
los museos vaticanos, la residencia papal y los jardines del complejo (ver
foto). Debido a esto se le considera también una ciudad-Estado.
El segundo
microestado europeo más pequeño es el Principado de Mónaco, con tal solo 2 km² y 36.000 habitantes. Se sitúa al sur de
Francia, en la costa mediterránea y cerca de la frontera italiana, aunque está
totalmente rodeado por Francia. Al contrario de la creencia popular, la capital
no es Montecarlo ya que Mónaco tiene una superficie tan pequeña que es en sí
una ciudad-Estado y Montecarlo es solo uno de sus barrios. A pesar de su escasa
superficie, Mónaco es un Estado independiente desde finales del siglo XIII,
cuando la dinastía Grimaldi (aún en el trono con el título de príncipes) conquistó
el lugar y luego se alió con Francia. Desde entonces ha sido ocupado varias
veces por franceses, italianos e incluso alemanes en la II Guerra Mundial.
El siguiente
microestado es la Serenísima República de San
Marino, cuya extensión es mayor ya que ocupa 61 km² en los que habitan 32.000
personas, enclavados dentro de Italia, al norte de la península. La existencia
de San Marino es especialmente interesante ya que es la república más antigua
del mundo aún existente (la primera fue la república romana) al ser fundada por
Marino, un cristiano que en el siglo IV huía de las persecuciones del emperador
romano Diocleciano con otros compañeros. Se asentaron en el actual San Marino y
crearon la república. En la Edad Media se formó una comuna y pudo mantener su
independencia durante siglos a pesar de sus poderosos vecinos. En la II Guerra
Mundial fue ocupada dos veces por los alemanes. Su sistema de gobierno es
especialmente interesante: tiene dos capitanes regentes elegidos entre el
parlamento cada seis meses (semejante al sistema de la antigua república
romana). A pesar de no formar parte de la UE tiene el euro como moneda tras un
acuerdo con la primera, al igual que el Vaticano y Mónaco.
El Principado de Liechtenstein es otro de
los microestados europeos, situado en el centro del continente, en plenos
Alpes. Tiene 160 km² y 36.000 habitantes. El nombre del país proviene de la dinastía
reinante que, como en Mónaco, asumen el título de príncipe. Dicha dinastía
estaba entre las más nobles de Alemania en la Edad Media pero no tenía ningún
territorio propio. Fue en 1699 cuando compraron Schellenberg y en 1712 Vaduz,
actual capital del principado. Con esta compra pretendían entrar en la Dieta
del Sacro Imperio alemán. En 1719 ambos territorios se unieron como
Liechtenstein. Después de las guerras napoleónicas, el Sacro Imperio se disolvió
y Liechtenstein quedó libre de toda tutela hasta la actualidad. Además, al
contrario que los anteriores microestados, logró conservar su independencia en
las dos guerras mundiales sin ser ocupado por Alemania.
Actualmente,
el pequeño país se sitúa entre Suiza y Austria.
La República de Malta es el único
microestado europeo que forma parte de la Unión Europea. Es una pequeña isla
(en realidad son dos) en el centro del Mediterráneo que fue colonia británica
hasta la década de 1960. Tiene 316 km² y
alrededor de 452.000 habitantes. Su interés
radica en su estratégica localización, en medio de muchas rutas comerciales y
en su mezcla cultural. En 1814 Malta pasó a dominio británico y fue un puerto
clave para el comercio entre Gran Bretaña y sus colonias de Oriente. Su resistencia
en la II Guerra Mundial frente a las potencias del Eje hizo que el rey Jorge VI
le otorgara la Cruz de San Jorge, la cual aparece desde entonces en su bandera.
Aunque su independencia llegó en 1964, la presencia británica se mantuvo e
Isabel II siguió siendo reina del país hasta que, en 1974, Malta se convirtió
en república pero permaneciendo en la Commonwealth. En 1979 los británicos
terminaban de abandonar la isla y ésta quedó libre de presencia extranjera por
primera vez en la Historia. En 2004 se adhirió a la UE y a la zona euro en
2008.
Bandera de Malta. La cruz de San Jorge aparece desde después de la Segunda Guerra Mundial.
El último
microestado europeo, y el más grande en tamaño (468 km²), es el país de los
Pirineos, el Principado de Andorra. Debido
a su cercanía es el que conocemos más en España, pues limita al norte con
Francia y al sur con nuestro país, concretamente con la provincia de Lleida, en
Catalunya. Tiene algo más de 76.000 habitantes.
Bandera de Andorra. Tiene los colores de sus vecinos, Francia y España.
La existencia
de Andorra está muy influenciada por sus vecinos y actualmente tiene dos copríncipes
como jefes de Estado. Estos copríncipes son, por motivos históricos, el obispo
de la Seo d´Urgell, en España, y el presidente de la República Francesa. Esto se
debe a que en 1278 comenzó el condominio de Andorra por parte del obispado de
Urgell y del Condado de Foix, en Francia (aunque este territorio perteneció a
la Corona de Aragón). Sin embargo, Fernando el Católico, tras anexionarse
Andorra en 1512, se la otorgó a su segunda esposa, Germana de Foix, y,
posteriormente, pasó a Francia hasta 1814, cuando, en el marco de la derrota de
dicho país en las guerras napoleónicas, se aceptó un condominio entre Urgell y
Francia, de modo que se aceptaba la independencia del territorio pero con dos
copríncipes, uno por el obispado de Urgell y otro por Francia (primero rey, y,
posteriormente, presidente de la república). Como dato de interés, en 1934 Andorra
tuvo unos días de plena independencia cuando Boris I, ciudadano ruso, se
autoproclamó rey de Andorra eliminando las figuras de los copríncipes. El obispo
de Urgell intervino y fue depuesto. Durante la II Guerra Mundial fue ocupada
por franceses y españoles hasta 1945.






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