martes, 12 de febrero de 2013

Trabajo sobre el Protectorado español de Marruecos



Introducción histórica

El Protectorado español en Marruecos se desarrolló oficialmente entre los años 1912, año en el que se acordó la división del territorio entre Francia y España bajo régimen de protectorado, y 1956, año en el que se dio la independencia al país por ambos Estados europeos.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que España era una potencia colonial menor a principios del siglo XX tras la liquidación de su imperio ultramarino en la guerra de 1898 contra Estados Unidos. Tras dicho desastre, la política exterior española se dirigió al norte de África y, concretamente, Marruecos.

España no era la única con intereses en la zona. Su situación estratégica privilegiada (entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo y con el Estrecho de Gibraltar como importante nexo de comunicaciones mundial) hizo que también Francia y Alemania, entre otras potencias, fijaran su atención en Marruecos.
La Conferencia de Algeciras de 1906 se convocó con el objetivo de limar asperezas en una época de plena tensión entre bloques previa a la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Alemania, enfrentada con Francia, provocó un conflicto por Marruecos. Alemania estaba interesada también en establecer un control sobre el territorio pero, tras la firma de un pacto entre Francia y España, con el beneplácito de Gran Bretaña, en 1904, el káiser Guillermo II llegó a visitar Tánger apoyando la independencia de Marruecos.

La Conferencia de Algeciras acordó que España y Francia se ocuparían del territorio bajo régimen de protectorado aunque hasta 1912 no comenzaría a aplicarse una vez firmado el Tratado de Fez (en 1911 hubo una segunda crisis de Marruecos que retrasó la puesta en vigor del Acta de Algeciras). Estados Unidos actuó como importante árbitro junto a Gran Bretaña durante la Conferencia. ¹

Así, España se ocuparía de la franja norte del país, formada por dos zonas principales, el Rif y Yebala; y de una pequeña porción en el extremo sur de Marruecos conocida como Cabo Juby, actual provincia marroquí de Tarfaya, denominada Villa Bens en época española. En total unos 20.000 km². ²



Al margen quedaban las ciudades de Ceuta y Melilla, que pertenecían a todos los niveles a España y no al Protectorado; la ciudad de Tánger, que permaneció como ciudad internacional debido a su gran importancia estratégica; y la colonia de Ifni, también española pero fuera del Protectorado de Marruecos como tal.

Gobierno y administración

³

La administración del Protectorado fue compleja debido al conflicto que estalló en la zona del Rif y que no finalizó hasta 1927 ⁴. Este conflicto provocó que la administración colonial estuviese ocupada principalmente en el control bélico del territorio. El Protectorado era una fórmula mediante la cual los españoles en su zona y los franceses en la suya ejercían un gobierno indirecto sobre Marruecos, es decir, gobernaban a través de las administraciones marroquíes. Se creaba así la metáfora de un hermano mayor que cuidaba a su hermano menor de edad que no podía valerse por sí solo. El Estado supuestamente superior protegería al tutelado y a sus súbditos de una manera supuestamente “altruista” permitiendo su evolución a formas maduras de autogobierno ⁵.
España ya había comenzado a introducir en el territorio mecanismos de gobierno indirecto desde antes de 1912 en el marco de los conflictos con Marruecos en el siglo XIX. 


España, como potencia colonial muy venida a menos a principios del siglo XX, tomó como referencia la experiencia francesa en el Magreb. Así, los africanistas españoles veían a Francia con admiración por un lado y por otro con recelo al haberse quedado ese Estado con la mayor parte de Marruecos además de la más rica. A pesar de dicha rivalidad, ambos países colaboraron más de una vez y especialmente frente a la insurrección del Rif de Abd al-Krim.

A rasgos generales y sobre todo a partir de la pacificación de toda la zona, el Protectorado español de Marruecos en su zona norte (no debe olvidarse Tarfaya en el sur) estaba dividido en regiones (ver mapa de página anterior). Durante la II República eran tres en inicio pero en 1935 el servicio de Intervenciones (explicado más adelante) dividió el territorio en cinco regiones, a saber: Yebala, Lucus, Chauen (región occidental), Rif y Kert (región oriental). Esta división se mantuvo hasta el final del Protectorado en 1956. Además, cada región estaba dividida en cabilas, una división administrativa menor que era el eje del servicio de Intervenciones.

Fueron especialmente los militares españoles los que tomaron el modelo francés como referencia para la creación del sistema de oficinas de intervención ⁶. Estas oficinas tenían como objetivo tutelar las instituciones locales y el control indirecto de las sus autoridades. Para ello se necesitaba de otro eje central: conocer a fondo aquellas instituciones marroquíes que la administración colonial aspiraba a dirigir.

El objetivo de las intervenciones era “civilizar” a un pueblo ubicado en un estadio evolutivo inferior. Además el término albergaba acepciones de tipo contable y administrativo ⁷ además de militar. Este modelo de intervenciones no cristalizó hasta el fin de la ya mencionada Guerra del Rif en 1927. Se intentó que hubiera intervenciones en todas las cabilas del Protectorado. Los interventores eran asignados por la Delegación de Asuntos Indígenas  (DAI) del Protectorado.
El interventor debía intentar que la población indígena aceptase a una persona para que ejerciera el poder en la cabila, una persona también indígena que tendría el cargo de qa´id, cargo que existía previamente pero no era reconocido en todas las zonas que pretendían los españoles sino que eran votados por una yama o asamblea local. Para el éxito del Protectorado era necesario contar con el apoyo de estos cargos intermedios entre el interventor y la población.



La estructura de la administración del Protectorado era jerárquica y se iniciaba por el alto comisario y terminaba en el interventor de cabila, como representante sobre el terreno del Protectorado, con los jefes marroquíes correspondientes a cada nivel jerárquico, supervisados por los españoles.



La principal autoridad marroquí era el jalifa, delegado del sultán de Marruecos en el Protectorado español pero que debía ser elegido entre los nombres propuestos por las autoridades españolas. Hay que destacar que el sultán residía en la zona francesa y que los españoles temían que, a través del sultán, los franceses intentaran influir en el protectorado español.

Sea como fuere, el jalifa estaba sometido a las directrices del alto comisario, elegido a su vez por el jefe del Estado a propuesta del Consejo de Ministros por lo que se trataba de una figura eminentemente política. Durante los cuarenta y cuatro años de Protectorado pasaron por este cargo veintidós personas, la mayoría de rango militar ⁸. Durante el Franquismo, se le dieron más competencias aún al alto comisario. Su sede se hallaba en la capital del Protectorado, Tetuán.
Por su parte, sólo hubo dos jalifas en el tiempo que duró el Protectorado español: Mohammed Mehedi Uld Ben Ismael (1913-1925) y su hijo, Muley el Hassán bin el Mehdi (1925-1956). Ambos eran parientes del sultán.



Vemos así una gran heterogeneidad administrativa pero sometida a la política peninsular. Sin embargo, a pesar de los vaivenes administrativos y a los problemas en España, la administración del Protectorado mantuvo unos rasgos característicos a lo largo de su Historia: la descoordinación entre la política de Madrid y la de la Alta Comisaría, el patente predominio militar; la no aplicación de un proyecto de explotación socio-económica, las dificultades de organización y conocimiento del territorio y el predominio de la improvisación y el antagonismo entre un método militar de conquista y un africanismo civil de penetración económica ⁹.


Cultura, religión y justicia

El factor religioso no fue relevante únicamente por el peso del Islam en la sociedad marroquí sino también por la fuerza de las imágenes que los colonizadores tenían de él en una España fuertemente católica a pesar del lapso laico de la II República.
La religión no es una dimensión simbólica independiente que conforma la sociedad, sino que es desde éste desde donde se desarrollan, reconstruyen y transforman los significados religiosos y su influencia sobre las prácticas sociales ¹⁰.
A pesar de ello, la religión no era el único factor que condicionaba las relaciones hispano-marroquíes.
Los colonizadores creían que el Islam y la superstición eran las causas del atraso de los “moros”, pero tampoco plantearon el combate a esas creencias. De hecho, adoptaron una estrategia de respecto aparente, destinada a no despertar el recelo de los marroquíes. La estrategia asimismo de la DAI era convencer a los musulmanes de que los españoles no tenían interés en convertirlos al Cristianismo y que su presencia no perjudicaría al Islam ¹¹.

Es de destacar la utilización que los españoles realizaron de la Historia. La interpretación era clara: justificaron la presencia española en Marruecos en el símil de las relaciones hispano-marroquíes como un frontón, en el que los colonizadores devolvían la pelota de la “civilización”. Si en la Edad Media habían sido los musulmanes los que habían llevado la ciencia y la civilización a España, en época del Protectorado era España la que llevaba dicha civilización a Marruecos, que la había perdido al estar en un estadio cultural inferior. 


Este planteamiento surgió ya en el africanismo de la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, durante la guerra de 1859-1860, periodistas y militares españoles seguían considerando a los musulmanes como enemigos crueles y fanáticos ¹², una imagen que se mantuvo durante mucho tiempo aunque, poco a poco, se fue invirtiendo hasta desembocar en la “hermandad” hispano-marroquí que justificaba el Protectorado, como se ha visto anteriormente.

Al estar en decadencia, eran musulmanes culturalmente en decadencia respecto a su época de esplendor en al-Ándalus, el “Islam español”, como lo denominaban los colonizadores.
La política española respecto al Islam durante el Protectorado no fue ajena a este contexto ideológico. En los argumentos esgrimidos para justificar el “respeto” por el Islam, se apelaba al pasado islámico de la Península. De acuerdo a esta concepción, los colonizadores hispanos estaban más cerca de los musulmanes que otros colonizadores europeos y podían comprender mejor el “alma del indígena” ¹³. El nacional-catolicismo durante el Franquismo no afectó a esta concepción en Marruecos.

Los españoles hicieron una distinción general en el protectorado entre el Islam ortodoxo y el popular. Según señaló en 1946 Ochoa Iglesias, “en el campo se rezaba muy poco, se olvidaba el ayuno y la peregrinación y la tibieza en el culto ortodoxo se compensa […] la vinculación a alguna cofradía”. Se consideró que los bereberes practicaban un Islam que se oponía a la ortodoxia. Pocas veces los autores españoles reconocían el sincretismo de las prácticas religiosas y normalmente las situaban en el terreno de los arcaísmos y restos del pasado preislámico ¹⁴.

En cartas a los interventores, el delegado de la DAI, García Figueras, insistía en la importancia de mantener el arraigo del Islam entre los marroquíes para evitar el desarrollo del nacionalismo o el comunismo considerando una ventaja el poder religioso del Sultán.
Con este fin y para demostrar de forma práctica que los españoles respetaban el Islam, la DAI fomentó la reconstrucción de edificios religiosos y promocionó algunos rituales que, en realidad, reforzaban la sumisión de éstos a las autoridades políticas y religiosas o legitimaban el poder colonial ¹⁵.
La reconstrucción de edificios religiosos provocó las quejas de la autoridad eclesiástica pero aún así se llevó a cabo tanto en zonas rurales como en ciudades.


El ámbito jurídico en el Protectorado español era complejo ya que cada grupo social (españoles, judíos y musulmanes, estos últimos con diferentes jurisdicciones) estaba sometido a una justicia diferente. Las autoridades coloniales transformaron las jurisdicciones existentes en Marruecos e impusieron la legitimidad del Derecho hispano en territorio marroquí para los súbditos españoles ¹⁶. La Alta Comisaría introdujo los tribunales hispano-jalifianos para juzgar asuntos relativos a los ciudadanos españoles residentes en el Protectorado y a los protegidos marroquíes. La población judía quedaba sometida a la justicia mosaica. En 1924 la comunidad judía de la zona española creó el Alto Tribunal Rabínico, presidido por el gran rabino de Tetuán.

Por su parte, la población magrebí musulmana estaba sometida a la jurisdicción de diversos tribunales. Los protegidos de los españoles estaban sometidos, como se ha dicho antes, a los tribunales hispano-jalifianos, pero sólo cuando estaban implicados ciudadanos marroquíes, las causas pasaban a depender de los tribunales del majzan y de la sharí`a (ley islámica) ¹⁷. Las tropas de Regulares quedaban sujetas al código español de justicia militar.

El resto de los musulmanes quedaban adscritos a la jurisprudencia majzeniana (relativa a asuntos penales, civiles y mercantiles) y a la islámica (centrada en el estatuto personal y familiar, e incluyendo también asuntos penales, comerciales y bienes no inscritos). La justicia de éstos estaba jerarquizada. Su nivel inferior estaba en manos de los qudat de las ciudades y de las cabilas. Por encima se hallaban los de región, coronados por el Tribunal Superior de Apelación y el Ministerio de Justicia. Esta estructura reproducía la política diseñada por los colonizadores.
A pesar de estas consideraciones, la justicia era más complicada ya que en las zonas rifeñas la figura del qadi (administrador de justicia local) era objeto de doble percepción: por un lado todo lo que emanaba del Corán y los compendios de jurisprudencia tenía autoridad y hasta el bereber menos arabizado lo tenía en cuenta. Pero por otro lado, el qadi seguía teniendo en ciertas circunstancias problemas de reconocimiento y autoridad ¹⁸.

Además, había problemas de delimitación de las jurisdicciones. Destaca en especial el conflicto de competencias entre el qa´id y el qadi, que se mezclaban hasta confundirse en determinados terrenos.
El espacio físico para impartir justicia era la mahkama o tribunal, que debía albergar el archivo de los documentos.


En caso de ausencia de los funcionarios, debía ser vigilada por el askar de la intervención. Las instrucciones españolas insistían en que cada oficina debía estar cerca del tribunal, aunque guardando las directrices de la aparente independencia se decía se decía que “estos locales estarán discretamente apartados” ¹⁹.

El modelo introducido por los españoles se centraba en la sharí`a y en la figura del qadi. Estos cargos judiciales también debían ser ratificados por la administración española. Así, el reglamento de 1928 fijaba las diferentes categorías de personal así como sus labores y honorarios. Para delimitar funciones, establecía que el qa´id se debía ocupar de las faltas leves, de la infracción de los bandos de policía, de los delitos penales equivalentes al código penal español, de aquellos contra la seguridad del Estado, del orden público y del régimen político y de los delitos contra el honor y la honestidad. Las competencias del qadi eran la interpretación y administración de la “justicia cheránica” y de los delitos contra la propiedad cuando se desconocían los autores. No aparece muy clara la definición de los aspectos “cheránicos”.

En caso de conflicto sobre la autoridad que debía intervenir, la autoridad española, normalmente el interventor, era el que se ocupaba excepto en los asuntos sometidos a la sharí`a. de esta manera, el interventor español ejercía una especie de justicia indirecta al controlar tanto al qa´id como al qadi ²⁰.  



¹ GONZÁLEZ ALCANTUD, José Antonio; Martín Corrales, Eloy. La Conferencia de Algeciras en 1906: un banquete colonial. Barcelona: Edicions Bellaterra (2007),  pág 15
² estudiosgeograficos.revistas.csic.es/index.php/.../article/.../309/308, pág 20

⁴ MATEO DIESTE, J. Lluís. La <> hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos . Barcelona: E. Bellaterra (2003),  pág 55
⁵ Ibídem, pág 56

⁶ MATEO DIESTE, J. Lluís. La <> hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos . Barcelona: E. Bellaterra (2003),  pág 58
⁷ Ibídem, pág 61

⁸ Ibídem, pág 67

MATEO DIESTE, J. Lluís. La <> hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos. Barcelona: E. Bellaterra (2003),  pág 68
¹⁰ Ibídem, pág 221
¹¹ Ibídem, pág 222

 ¹² MATEO DIESTE, J. Lluís. La <> hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos. Barcelona: E. Bellaterra (2003),  pág 224
¹³ Ibídem
¹⁴ Ibídem, pág 230
¹⁵ Ibídem, pág 231

¹⁶ MATEO DIESTE, J. Lluís. La <> hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos. Barcelona: E. Bellaterra (2003),  pág 241
¹⁷ Ibídem
¹⁸ Ibídem, pág 242

¹⁹ MATEO DIESTE, J. Lluís. La <> hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos. Barcelona: E. Bellaterra (2003),  pág 243
²⁰ Ibídem, pág 244

No hay comentarios:

Publicar un comentario