miércoles, 20 de febrero de 2013

1946: Hacia una Europa "ordenada"



Todos estamos de acuerdo en que Europa hoy es muy compleja social y étnicamente. Las últimas décadas de progreso en el continente (Europa Occidental, ya veremos qué pasa con la oriental) han promovido una fuerte inmigración hacia Europa, principalmente de personas procedentes de las excolonias respectivas: desde Pakistán a Argelia, Marruecos, Túnez, los países del África Subsahariana y los de América Latina.

Por tanto, principalmente en el oeste continental y en las grandes ciudades vemos un paisaje étnico y cultural muy diverso que contrasta con otras épocas de nuestra Historia de relativa uniformidad étnica.

Sin embargo, a pesar de esta fuerte inmigración que ha llevado a los paisajes urbanos actuales, sigue habiendo una mayoría poblacional “nativa”, sobre todo en Europa oriental, fruto de los enormes movimientos de población que se dieron tras la Segunda Guerra Mundial.

Terminada la guerra, Europa estaba en la más absoluta de las ruinas. El Tercer Reich, que había conquistado durante la guerra casi todo el continente, llevó a cabo una política de colonización masiva de Europa oriental tratando a la población local con una mezcla de crueldad e indiferencia del que se siente superior.

Los vencedores, los aliados occidentales por un lado y, por otro, los soviéticos, se dispusieron a reorganizar Europa y ello significó grandes movimientos de desplazados y refugiados. Antes de la IIGM, Europa era muy diversa y los Estados-nación acogían en su seno a importantes minorías. Como ejemplos destacan Polonia, Checoslovaquia y, por supuesto, la Unión Soviética.

Para este artículo voy a ofrecer muchos datos históricamente contrastados por fuentes destacables (que aparecen al final). Tras la Primera Guerra Mundial, las fronteras se reajustaron de forma muy destacable (caída de los imperios alemán, austrohúngaro, ruso y otomano) pero, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, no se movió la gente con esos cambios territoriales. Tras la caída del Eje en 1945, ocurrió lo contrario: hubo pocos cambios fronterizos pero enormes movimientos de población.

En lo territorial destaca, una vez más, el caso de Polonia. Ésta perdió más de 100.000 km² de sus antiguas fronteras anteriores a la guerra (recordemos que Polonia fue el desencadenante de la guerra por su invasión por parte de Alemania) a favor de la URSS pero, a cambio, se la recompensó con algo más de 60.000 km² pertenecientes a territorios alemanes al este de los ríos Oder y Neisse. Esto fue dramático ya que esos territorios siempre habían sido alemanes por lo que hubo movimientos de refugiados a la fuerza (y lo mismo los polacos de los nuevos territorios rusos).
La URSS por su parte engulló regiones enteras: la Besarabia rumana (este país también había perdido la guerra) además de otras regiones también rumanas como Bucovina y Rutenia y consiguió retener la península de Carelia, que había arrebatado a Finlandia durante la guerra.

Otros cambios territoriales en el este fueron el traspaso de Dobrudja de Rumania a Bulgaria, Trieste de Italia a Yugoslavia, etc.

El resultado final fue una Europa de Estados nacionales más homogéneos étnicamente que nunca antes. Hubo tres casos en el este que siguieron siendo claramente plurinacionales: la URSS (bálticos, rusos, bielorrusos, ucranianos, moldavos y un larguísimo etcétera), Yugoslavia (eslovenos, croatas, bosnios, serbios, montenegrinos, macedonios, albaneses) y Rumania, que continuó albergando una comunidad húngara muy relevante en Transilvania que continúa hoy en día además de millones de gitanos.

Otros países del este sin embargo sí pasaron a ser bastante homogéneos: Polonia, que en 1946 estaba habitada casi exclusivamente por polacos; Alemania, que había tenido que recibir a todos los desplazados alemanes obligados a trasladarse desde otras zonas del este europeo; Checoslovaquia, que pasó a albergar casi en exclusiva a checos y eslovacos, antes de la IIGM tenía nada menos que un 22 % de población alemana, un 5 % húngara y un 3 % ucraniana.

El culmen llegó con la caída del Bloque comunista: de Yugoslavia han surgido 6 países, cada uno de ellos, excepto Bosnia y Herzegovia y Serbia, bastante homogéneos étnicamente; Checoslovaquia ha dado lugar a las Repúblicas Checa y Eslovaca habitadas por sus respectivas nacionalidades. Con la URSS ocurrió algo semejante aunque más complejo ya que la Federación de Rusia sigue siendo un país enormemente multiétnico con conflictos relevantes y sangrientos como los del Cáucaso norte.

No ocurrió lo mismo en Europa occidental. La diferencia principal entre oeste y este es que la guerra en el oeste había sido de conquista pero no de colonización para el nuevo Reich. No hubo grandes movimientos de refugiados aunque sí hubo en menor medida como la vuelta a sus países de franceses, belgas, holandeses e italianos que se habían visto trasladados a Alemania a trabajar para el Tercer Reich. Estos movimientos se completaron rápidamente. Los países occidentales en varios casos también albergan varias naciones en su seno siendo los más relevantes Bélgica, Reino Unido y España.

Por último hay que destacar el caso de los judíos. Antes de la guerra estaban dispersos por casi toda Europa formando una minoría muy importante. Tras ella, quedaron pocos. De los que llegaron a ser liberados por los ejércitos aliados, 4 de cada 10 murieron a las pocas semanas dado que la gravedad de su estado superaba los conocimientos médicos. Los demás, se abrieron camino incluso en Alemania ya que en el este todavía no estaban seguros. Hay conocimiento de casos de pequeños pogromos en el este que hicieron que los judíos supervivientes acabaran en Alemania (como ejemplo, más de 60.000 judíos supervivientes huyó de Polonia en 1946 hacia Alemania debido a la inseguridad que aún imperaba en esas zonas). La creación del Estado de Israel posteriormente haría que muchos judíos se fueran definitivamente de Europa en busca de una tierra de paz.  
Mapa reciente de Europa. Actualmente Yugoslavia no existe como entidad política, sustituida por los Estados independientes de Montenegro y Serbia. Kosovo, provincia serbia al este de Albania, se independizó unilateralmente en 2008 pero no ha sido aceptada por la ONU


Por tanto, nacía así una nueva Europa más “ordenada”, aparentemente más homogénea, que en los 80 y 90 se terminó de confirmar. 

Bibliografía:
JUDT, Tony. Postguerra una Historia de Europa desde 1945. 8ª Edición, Madrid: Taurus (2012)

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