Europa, debido
a una Historia convulsa y de pueblos muy diferentes entre sí, siempre ha tenido
unas fronteras igual de inestables. Sólo desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial se pudo conseguir una cierta estabilidad en Europa Occidental que ha
permanecido hasta hoy.
Europa
Oriental como sabemos es diferente. Sus fronteras permanecieron estables entre
el fin de la II Guerra Mundial y finales de los años 80 y principios de los 90
debido a los regímenes comunistas que regían esas naciones. A su caída se produjo
un rápido proceso que, aparte de acabar con los regímenes comunistas, acabó con
algunos de los Estados que recogían en su seno a varias nacionalidades que
coexistían entre ellas en una tensión encubierta por los gobiernos pero que con
la decadencia comunista no se pudo seguir frenando.
Todos tenemos
en mente la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
(URSS) como referente de una de las últimas modificaciones radicales del mapa
europeo. Aún hoy hay personas que se educaron en el colegio con un mapa previo
a los cambios de principios de los 90 y que aún habla de Rusia pensando en el
mapa de la URSS.
Y es que la
Rusia actual es la heredera legal de la Unión Soviética. No sólo por su extenso
tamaño y población sino también por tener presencia en el consejo permanente de
seguridad de la ONU, con capacidad de veto. Sigue siendo el país más extenso
del mundo, entre Europa y Asia, aunque la mayor parte de su población está en
la zona europea con metrópolis de sobra conocidas como Moscú y San Petersburgo.
Sin embargo,
la URSS se dividió a lo largo de 1991 en 15 repúblicas diferentes creando un
auténtico crisol de naciones en el este europeo: los países bálticos: Estonia,
Letonia y Lituania; la gran aliada de Rusia, Bielorrusia, considerada la última
dictadura de Europa; Moldavia, la hermana rumana del norte; Ucrania, un extenso
país que en su día ya había sido independiente; los países de la vertiente sur
del Cáucaso: Georgia, Armenia y Azerbaiján; y cinco Estados en Asia central, el
más grande de ellos Kazajstán.
Estos 15
Estados coinciden con las antiguas repúblicas soviéticas pero dentro de ellos
hay considerables tensiones étnicas, sobre todo en la Federación Rusa en donde
los problemas en la vertiente norte del Cáucaso son muy conocidos con el caso
de Chechenia como principal exponente. Los conflictos étnicos y religiosos son
el caldo de cultivo a nacionalismos de todo signo.
Pero, como
sabemos, no sólo la Unión Soviética vio su fin al mismo tiempo que se apagaba
el comunismo. El país de los eslavos del sur, denominado Yugoslavia, es el otro
gran caso de modificación de fronteras en Europa del Este. Un caso sangriento y
que acabó en una cruenta guerra civil que dividió el país entre sus repúblicas.
En 1992 Eslovenia y Croacia declaraban su independencia de Yugoslavia y Serbia,
cabeza de ésta, se negaba a aceptarlo comenzando así la guerra.
Bosnia-Herzegovina, situada entre ambos bandos, se unía a eslovenos y croatas
por lo que sería duramente castigada durante la guerra siendo especialmente
triste la persecución étnica de musulmanes bosnios, el mayor genocidio en
Europa desde la barbarie nazi.
Montenegro se
alió con los serbios y Macedonia aguardó el mejor momento para declarar su
independencia. La guerra acabó con
intervención de la ONU y Yugoslavia quedó reducida a Serbia y Montenegro,
nombre que adoptó en 2003. Bosnia-Herzegovina, debido a su complejidad étnica
(en un pequeño país deben convivir bosnios, croatas y serbios) quedó bajo
vigilancia de la ONU hasta hace muy poco y se estableció en federación para
mantener la paz entre nacionalidades.
Lo único que
quedaba de Yugoslavia se disolvió en 2006 con el fin de la confederación entre
Serbia y Montenegro tras aceptar esta última un referéndum de independencia que
la convirtió en un Estado independiente.
Sin embargo,
los problemas continúan, ahora con Kosovo, que también supuso una guerra
intestina en Europa y el primer conflicto armado grave al que tuvo que hacer
frente la OTAN. Kosovo, poblado mayoritariamente por albaneses, aunque con una
minoría de serbios, quedó conformado como provincia serbia pero apostó también
por la independencia. Finalmente, pasó a estar bajo control directo de la ONU.
En 2008, Estados Unidos apoyó su independencia unilateral junto a la mayoría de
sus aliados, con el rechazo frontal de Serbia y Rusia junto a otros Estados
europeos.
Por si estos
dos casos no eran suficientes, el último cambio de fronteras en el Este se
produjo en 1993 con la separación, esta vez completamente pacífica, de Checoslovaquia,
que se fraccionó en las actuales República Checa y Eslovaquia.
Junto a estas separaciones, en 1990 se reunificaron las dos Alemanias tras 40 años
de división este-oeste siendo el único caso centrípeto (de unificación) en vez de centrífugo (división).
Estos
movimientos, sangrientos unos, pacíficos otros, parecían haberse terminado en
Europa Oriental y ya no digamos en la Occidental, en donde no ha habido
secesiones ni corrimientos de fronteras en los últimos 67 años. Sin embargo,
ahora varios nacionalismos históricos han alzado su voz en parte por la crisis
económica que azota el continente y de momento hay dos casos importantes en
Europa Occidental: Escocia en Reino Unido y Cataluña en España.
Escocia ha
conseguido un referéndum de independencia para 2014. Actualmente es uno de los
países constituyentes del Reino Unido teniendo una serie de competencias
propias, parlamento propio, etc. El nacionalismo escocés alcanzó su cénit en
las últimas elecciones regionales en las que el Partido Nacionalista Escocés se
hizo con el gobierno del país. Como suele ocurrir en estos casos, el asunto
viene de lejos, desde el Acta de Unión entre Inglaterra y Escocia de 1707. Por
dicha acta se creaba oficialmente el Reino Unido de Gran Bretaña (a la que más
tarde se añadiría Irlanda), que perdura hasta hoy. Escocia siempre se ha visto
venida a menos. Su población es considerablemente más inferior a la de
Inglaterra y, por tanto, su capacidad de influencia en los asuntos estatales es
también menor.
De acuerdo a
las encuestas, antes de convocarse el referéndum había una mayoría de escoceses
a favor de dicha independencia. Ahora, ese apoyo se ha visto mermado aunque,
siempre hay que tenerlo en cuenta, dos años dan para mucho.
En España el
independentismo catalán ha pillado con el pie cambiado a muchos. Dicho fenómeno
siempre había sido minoritario en Cataluña, al contrario que en el País Vasco
(del que más adelante se hablará) donde el escenario siempre ha sido más
complicado…hasta este año.
Cataluña, tras
los cambios que realizó el TC en su nuevo Estatuto de Autonomía, parece haber
dado un paso al frente aunque distando mucho de tener un apoyo masivo de la
población. El actual partido del gobierno autonómico, Convergència i Unió, es
una coalición de los nuevos independentistas liberales y de los democristianos
no independentistas. Hasta este año nunca habían apostado por la independencia,
no así otros partidos catalanes tradicionalmente independentistas como Esquerra
Republicana.
El presidente
Mas adelantó las elecciones pensando en que la oleada soberanista le beneficiaría
pero las elecciones arrojaron un mapa muy complejo: mayoría muy relativa para
su partido y un ascenso importante de Esquerra Republicana, con la que deberá
entenderse para gobernar.
Por los últimos
acuerdos entre ambas formaciones, se intentará un referéndum para 2014, el cual
es difícil que el Gobierno de España acepte como legal ya que la Constitución
impide consultas de estas características.
Otras tensiones
territoriales en Europa Occidental son el conflicto en Irlanda del Norte, ahora
casi completamente pacificada tras décadas de atentados terroristas del IRA. En
Irlanda del Norte se incluyen factores religiosos (mayoría anglicana frente a
la católica del resto de la isla, controlado por la República de Irlanda),
sociales e históricos.
En España el
otro conflicto territorial es en el País Vasco, que incluye una pequeña fracción
en Francia. La banda terrorista ETA ha impedido durante décadas cualquier
avance pero tras el cese definitivo de la violencia del pasado año se han dado
pasos significativos y de momento se puede vislumbrar un panorama razonable y
alejado de radicalismos.
En Italia la
crisis económica y las complicaciones que atraviesa el país han hecho resucitar
poco a poco los sentimientos secesionistas de la zona norte del país, llamada
por sus partidarios Padania.
Por último, Bélgica
atraviesa desde hace años tensiones entre sus dos naciones históricas, Flandes
al norte y Valonia al sur. Flandes está más desarrollada económicamente y tiene
como lengua propia el flamenco, un dialecto del neerlandés (holandés) mientras
que Valonia está menos poblada y es francófona.


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