jueves, 20 de diciembre de 2012

Secesiones en Europa



Europa, debido a una Historia convulsa y de pueblos muy diferentes entre sí, siempre ha tenido unas fronteras igual de inestables. Sólo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se pudo conseguir una cierta estabilidad en Europa Occidental que ha permanecido hasta hoy.

Europa Oriental como sabemos es diferente. Sus fronteras permanecieron estables entre el fin de la II Guerra Mundial y finales de los años 80 y principios de los 90 debido a los regímenes comunistas que regían esas naciones. A su caída se produjo un rápido proceso que, aparte de acabar con los regímenes comunistas, acabó con algunos de los Estados que recogían en su seno a varias nacionalidades que coexistían entre ellas en una tensión encubierta por los gobiernos pero que con la decadencia comunista no se pudo seguir frenando.

Todos tenemos en mente la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) como referente de una de las últimas modificaciones radicales del mapa europeo. Aún hoy hay personas que se educaron en el colegio con un mapa previo a los cambios de principios de los 90 y que aún habla de Rusia pensando en el mapa de la URSS.
Y es que la Rusia actual es la heredera legal de la Unión Soviética. No sólo por su extenso tamaño y población sino también por tener presencia en el consejo permanente de seguridad de la ONU, con capacidad de veto. Sigue siendo el país más extenso del mundo, entre Europa y Asia, aunque la mayor parte de su población está en la zona europea con metrópolis de sobra conocidas como Moscú y San Petersburgo.

Sin embargo, la URSS se dividió a lo largo de 1991 en 15 repúblicas diferentes creando un auténtico crisol de naciones en el este europeo: los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania; la gran aliada de Rusia, Bielorrusia, considerada la última dictadura de Europa; Moldavia, la hermana rumana del norte; Ucrania, un extenso país que en su día ya había sido independiente; los países de la vertiente sur del Cáucaso: Georgia, Armenia y Azerbaiján; y cinco Estados en Asia central, el más grande de ellos Kazajstán.  

Estos 15 Estados coinciden con las antiguas repúblicas soviéticas pero dentro de ellos hay considerables tensiones étnicas, sobre todo en la Federación Rusa en donde los problemas en la vertiente norte del Cáucaso son muy conocidos con el caso de Chechenia como principal exponente. Los conflictos étnicos y religiosos son el caldo de cultivo a nacionalismos de todo signo.

Pero, como sabemos, no sólo la Unión Soviética vio su fin al mismo tiempo que se apagaba el comunismo. El país de los eslavos del sur, denominado Yugoslavia, es el otro gran caso de modificación de fronteras en Europa del Este. Un caso sangriento y que acabó en una cruenta guerra civil que dividió el país entre sus repúblicas. En 1992 Eslovenia y Croacia declaraban su independencia de Yugoslavia y Serbia, cabeza de ésta, se negaba a aceptarlo comenzando así la guerra. Bosnia-Herzegovina, situada entre ambos bandos, se unía a eslovenos y croatas por lo que sería duramente castigada durante la guerra siendo especialmente triste la persecución étnica de musulmanes bosnios, el mayor genocidio en Europa desde la barbarie nazi.
Montenegro se alió con los serbios y Macedonia aguardó el mejor momento para declarar su independencia.  La guerra acabó con intervención de la ONU y Yugoslavia quedó reducida a Serbia y Montenegro, nombre que adoptó en 2003. Bosnia-Herzegovina, debido a su complejidad étnica (en un pequeño país deben convivir bosnios, croatas y serbios) quedó bajo vigilancia de la ONU hasta hace muy poco y se estableció en federación para mantener la paz entre nacionalidades.

Lo único que quedaba de Yugoslavia se disolvió en 2006 con el fin de la confederación entre Serbia y Montenegro tras aceptar esta última un referéndum de independencia que la convirtió en un Estado independiente.
Sin embargo, los problemas continúan, ahora con Kosovo, que también supuso una guerra intestina en Europa y el primer conflicto armado grave al que tuvo que hacer frente la OTAN. Kosovo, poblado mayoritariamente por albaneses, aunque con una minoría de serbios, quedó conformado como provincia serbia pero apostó también por la independencia. Finalmente, pasó a estar bajo control directo de la ONU. En 2008, Estados Unidos apoyó su independencia unilateral junto a la mayoría de sus aliados, con el rechazo frontal de Serbia y Rusia junto a otros Estados europeos. 

 Por si estos dos casos no eran suficientes, el último cambio de fronteras en el Este se produjo en 1993 con la separación, esta vez completamente pacífica, de Checoslovaquia, que se fraccionó en las actuales República Checa y Eslovaquia.

Junto a estas separaciones, en 1990 se reunificaron las dos Alemanias tras 40 años de división este-oeste siendo el único caso centrípeto (de unificación) en vez de centrífugo (división).

Estos movimientos, sangrientos unos, pacíficos otros, parecían haberse terminado en Europa Oriental y ya no digamos en la Occidental, en donde no ha habido secesiones ni corrimientos de fronteras en los últimos 67 años. Sin embargo, ahora varios nacionalismos históricos han alzado su voz en parte por la crisis económica que azota el continente y de momento hay dos casos importantes en Europa Occidental: Escocia en Reino Unido y Cataluña en España.

Escocia ha conseguido un referéndum de independencia para 2014. Actualmente es uno de los países constituyentes del Reino Unido teniendo una serie de competencias propias, parlamento propio, etc. El nacionalismo escocés alcanzó su cénit en las últimas elecciones regionales en las que el Partido Nacionalista Escocés se hizo con el gobierno del país. Como suele ocurrir en estos casos, el asunto viene de lejos, desde el Acta de Unión entre Inglaterra y Escocia de 1707. Por dicha acta se creaba oficialmente el Reino Unido de Gran Bretaña (a la que más tarde se añadiría Irlanda), que perdura hasta hoy. Escocia siempre se ha visto venida a menos. Su población es considerablemente más inferior a la de Inglaterra y, por tanto, su capacidad de influencia en los asuntos estatales es también menor. 

 De acuerdo a las encuestas, antes de convocarse el referéndum había una mayoría de escoceses a favor de dicha independencia. Ahora, ese apoyo se ha visto mermado aunque, siempre hay que tenerlo en cuenta, dos años dan para mucho.

En España el independentismo catalán ha pillado con el pie cambiado a muchos. Dicho fenómeno siempre había sido minoritario en Cataluña, al contrario que en el País Vasco (del que más adelante se hablará) donde el escenario siempre ha sido más complicado…hasta este año.
Cataluña, tras los cambios que realizó el TC en su nuevo Estatuto de Autonomía, parece haber dado un paso al frente aunque distando mucho de tener un apoyo masivo de la población. El actual partido del gobierno autonómico, Convergència i Unió, es una coalición de los nuevos independentistas liberales y de los democristianos no independentistas. Hasta este año nunca habían apostado por la independencia, no así otros partidos catalanes tradicionalmente independentistas como Esquerra Republicana.
El presidente Mas adelantó las elecciones pensando en que la oleada soberanista le beneficiaría pero las elecciones arrojaron un mapa muy complejo: mayoría muy relativa para su partido y un ascenso importante de Esquerra Republicana, con la que deberá entenderse para gobernar.

Por los últimos acuerdos entre ambas formaciones, se intentará un referéndum para 2014, el cual es difícil que el Gobierno de España acepte como legal ya que la Constitución impide consultas de estas características.

Otras tensiones territoriales en Europa Occidental son el conflicto en Irlanda del Norte, ahora casi completamente pacificada tras décadas de atentados terroristas del IRA. En Irlanda del Norte se incluyen factores religiosos (mayoría anglicana frente a la católica del resto de la isla, controlado por la República de Irlanda), sociales e históricos.
En España el otro conflicto territorial es en el País Vasco, que incluye una pequeña fracción en Francia. La banda terrorista ETA ha impedido durante décadas cualquier avance pero tras el cese definitivo de la violencia del pasado año se han dado pasos significativos y de momento se puede vislumbrar un panorama razonable y alejado de radicalismos.
En Italia la crisis económica y las complicaciones que atraviesa el país han hecho resucitar poco a poco los sentimientos secesionistas de la zona norte del país, llamada por sus partidarios Padania.
Por último, Bélgica atraviesa desde hace años tensiones entre sus dos naciones históricas, Flandes al norte y Valonia al sur. Flandes está más desarrollada económicamente y tiene como lengua propia el flamenco, un dialecto del neerlandés (holandés) mientras que Valonia está menos poblada y es francófona.

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