El
constitucionalismo en España es, curiosamente, muy temprano. Y digo paradójicamente
porque nadie pensaría en España como un ejemplo de país en el que el
constitucionalismo ha estado en vigor desde siempre, como sí se pensaría de
Reino Unido.
Hoy, en el Día
de la Constitución española de 1978, quiero escribir este artículo sobre las
distintas constituciones que ha habido en España, su carácter y, sobre todo,
por qué la actual de 1978 destaca entre ellas.
El constitucionalismo
en España se remonta a 1812 con la
famosa (y conmemorada este año por su segundo centenario) Constitución de Cádiz, llamada comúnmente, La Pepa al haber sido promulgada el día de San José.
Esta constitución
fue la tercera en promulgarse en el mundo, por detrás de las de Estados Unidos
(1787) y de Francia tras la Revolución (1791). Esta clasificación obvia la de
Bayona, considerada actualmente un Estatuto.
Esta Constitución
es de carácter liberal y una de las más avanzadas de su época. Las personas
dejaban de ser súbditos para ser ciudadanos, tanto los españoles como los de
las colonias del entonces Imperio Español al declarar la soberanía nacional; abolía la Inquisición, la tortura y garantizaba
la libertad de prensa. Sin embargo, no estuvo mucho tiempo en vigor: entre 1812
y 1814 (cuando fue derogada por Fernando VII), entre 1820 y 1823 (Trienio
Liberal que interrumpió brevemente la monarquía absoluta de Fernando VII, la
cual recuperó con ayuda de otros Estados europeos) y brevemente en 1836 y 1837
previamente a la creación de la siguiente constitución.
La Constitución de 1837 se redactó ya a la
muerte de Fernando VII (1833), en época de la regencia de María Cristina de
Borbón mientras Isabel II era menor de edad. En 1837 se hizo con el poder un
gobierno liberal que mandó crear una nueva constitución que se mantendría hasta
1845. Una vez Isabel II fue declarada mayor de edad, se apoyó en los
conservadores consiguiendo retener así mayor poder que con los liberales.
Por ello se
creó la tercera constitución española, la de 1845, de carácter conservador, y que mantenía muchos poderes al
monarca, aunque dejando atrás el absolutismo. Fue en época de Isabel II cuando
comenzaron a mostrarse físicamente los efectos del constitucionalismo: se
construyó el Palacio de las Cortes, que actualmente alberga el Congreso de los
Diputados. Se garantizaba así un parlamentarismo aunque aún distase mucho de
ser democrático.
Los atisbos de
democracia comenzaron tras el derrocamiento de Isabel II en la revolución de
1868 (La Gloriosa). Se redactó una
nueva constitución, la de 1869, que
ya se puede considerar democrática. España seguiría siendo un reino pero cuyo
monarca no tendría poderes efectivos siendo más bien lo que conocemos hoy como
monarca constitucional. Así, España se adelantó a otras naciones europeas redactando
una constitución democrática. Sin embargo, no estuvo vigente prácticamente nada
de tiempo, entre 1869 y 1871. Los enfrentamientos entre los partidarios del
nuevo régimen, entre monárquicos y republicanos, etc. terminaron de finiquitar
la monarquía de Amadeo de Saboya. La Primera República (1873-1874) que la siguió
fue un desastre y no consiguió redactar una constitución federal por lo que,
tras el golpe de Estado de Martínez Campos y la regencia del general Serrano,
los Borbones volvieron al poder en la figura del hijo de Isabel II, Alfonso
XII.
Comenzaba así
la Restauración, un sistema pseudo democrático en el que había elecciones
amañadas y pucherazos constantes. Aún así, hubo ciertos avances: en 1890 se
implantó el sufragio universal masculino. Este sistema se sostuvo en la Constitución de 1876, la más larga de
la Historia de España ya que se mantuvo en vigor hasta 1931. Era de carácter
conservador y, como he dicho anteriormente, garantizaba elecciones aunque
distaban mucho de ser democráticas. El turno de partidos (Conservador y Liberal
Progresista) se mantuvo décadas y a la muerte de Alfonso XII continuó con el
reinado de Alfonso XIII.
Este sistema
se rompió definitivamente con la dictadura militar de Miguel Primo de Rivera
(1923-1930) que eliminó las elecciones. Tras la dimisión del dictador y el
triunfo de los partidos republicanos y socialistas en las elecciones
municipales de 1931, se proclamó la
II República. Ese mismo año se redactó la constitución
republicana, democrática y que otorgaba amplias libertades a la población. Estuvo
en vigor hasta el fin de la guerra civil en 1939.
Con la dictadura
de Franco España se rigió por las llamadas Leyes Fundamentales del Reino,
consideradas cartas otorgadas y en absoluto constituciones: Fuero del Trabajo
(1938), Ley Constitutiva de las Cortes (1942), Fuero de los españoles (1945), Ley
del Referéndum nacional (1945), Ley de sucesión en la jefatura del Estado
(1947), Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958), Ley Orgánica del
Estado (1967) y Ley para la Reforma Política (1976).
A la muerte
del dictador asumió el trono Juan Carlos I y se inició un proceso de transición
a la democracia que culminó, con éxito, en la promulgación de la actual Constitución de 1978. Es una Constitución
similar a otras europeas de nuestro entorno y recoge amplios derechos y
libertades a los ciudadanos además de la autonomía a las regiones que lo
requirieran. Dentro de las constituciones consideradas liberales o democráticas
(1812, 1837, 1869, 1931 y 1978), la actual es con diferencia la que más tiempo
ha estado en vigor; hoy cumple 34 años. Entre el conjunto de las constituciones
españolas, es la segunda más longeva, por detrás de la de 1876.
Esta
constitución no sólo destaca por su longevidad sino también por la estabilidad
que la ha acompañado, insólita en la Historia de España. La Constitución de
1876 perduró 55 años pero con guerras (contra Marruecos y Estados Unidos las más
relevantes), revueltas, atentados, un golpe de Estado y una dictadura entre
medias. La de 1978 también se ha tenido que enfrentar a problemas (terrorismo,
un intento de golpe de Estado en 1981 y crisis económicas como la actual) pero en
general su balance es enormemente positivo en forma de paz, derechos y libertades
para los ciudadanos.
"Es necesaria su reforma y readaptación (de la Constitución) a los nuevos tiempos para que continúe siendo útil"
Para finalizar
el artículo quiero destacar que es necesaria su reforma y readaptación a los
nuevos tiempos para que continúe siendo una carta magna útil en el mundo actual
como lo es la Constitución de Estados Unidos que, como vimos antes, es la más
antigua del mundo y continúa en vigor aunque con reformas que la hacen
adaptarse a los tiempos cambiantes.
Para más datos: http://www.tusconstituciones.com/

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