jueves, 6 de diciembre de 2012

Constituciones, constituciones



El constitucionalismo en España es, curiosamente, muy temprano. Y digo paradójicamente porque nadie pensaría en España como un ejemplo de país en el que el constitucionalismo ha estado en vigor desde siempre, como sí se pensaría de Reino Unido.

Hoy, en el Día de la Constitución española de 1978, quiero escribir este artículo sobre las distintas constituciones que ha habido en España, su carácter y, sobre todo, por qué la actual de 1978 destaca entre ellas.

El constitucionalismo en España se remonta a 1812 con la famosa (y conmemorada este año por su segundo centenario) Constitución de Cádiz, llamada comúnmente, La Pepa al haber sido promulgada el día de San José.
Esta constitución fue la tercera en promulgarse en el mundo, por detrás de las de Estados Unidos (1787) y de Francia tras la Revolución (1791). Esta clasificación obvia la de Bayona, considerada actualmente un Estatuto.

Esta Constitución es de carácter liberal y una de las más avanzadas de su época. Las personas dejaban de ser súbditos para ser ciudadanos, tanto los españoles como los de las colonias del entonces Imperio Español al declarar la soberanía nacional; abolía la Inquisición, la tortura y garantizaba la libertad de prensa. Sin embargo, no estuvo mucho tiempo en vigor: entre 1812 y 1814 (cuando fue derogada por Fernando VII), entre 1820 y 1823 (Trienio Liberal que interrumpió brevemente la monarquía absoluta de Fernando VII, la cual recuperó con ayuda de otros Estados europeos) y brevemente en 1836 y 1837 previamente a la creación de la siguiente constitución.

La Constitución de 1837 se redactó ya a la muerte de Fernando VII (1833), en época de la regencia de María Cristina de Borbón mientras Isabel II era menor de edad. En 1837 se hizo con el poder un gobierno liberal que mandó crear una nueva constitución que se mantendría hasta 1845. Una vez Isabel II fue declarada mayor de edad, se apoyó en los conservadores consiguiendo retener así mayor poder que con los liberales.

Por ello se creó la tercera constitución española, la de 1845, de carácter conservador, y que mantenía muchos poderes al monarca, aunque dejando atrás el absolutismo. Fue en época de Isabel II cuando comenzaron a mostrarse físicamente los efectos del constitucionalismo: se construyó el Palacio de las Cortes, que actualmente alberga el Congreso de los Diputados. Se garantizaba así un parlamentarismo aunque aún distase mucho de ser democrático.

Los atisbos de democracia comenzaron tras el derrocamiento de Isabel II en la revolución de 1868 (La Gloriosa). Se redactó una nueva constitución, la de 1869, que ya se puede considerar democrática. España seguiría siendo un reino pero cuyo monarca no tendría poderes efectivos siendo más bien lo que conocemos hoy como monarca constitucional. Así, España se adelantó a otras naciones europeas redactando una constitución democrática. Sin embargo, no estuvo vigente prácticamente nada de tiempo, entre 1869 y 1871. Los enfrentamientos entre los partidarios del nuevo régimen, entre monárquicos y republicanos, etc. terminaron de finiquitar la monarquía de Amadeo de Saboya. La Primera República (1873-1874) que la siguió fue un desastre y no consiguió redactar una constitución federal por lo que, tras el golpe de Estado de Martínez Campos y la regencia del general Serrano, los Borbones volvieron al poder en la figura del hijo de Isabel II, Alfonso XII.

Comenzaba así la Restauración, un sistema pseudo democrático en el que había elecciones amañadas y pucherazos constantes. Aún así, hubo ciertos avances: en 1890 se implantó el sufragio universal masculino. Este sistema se sostuvo en la Constitución de 1876, la más larga de la Historia de España ya que se mantuvo en vigor hasta 1931. Era de carácter conservador y, como he dicho anteriormente, garantizaba elecciones aunque distaban mucho de ser democráticas. El turno de partidos (Conservador y Liberal Progresista) se mantuvo décadas y a la muerte de Alfonso XII continuó con el reinado de Alfonso XIII.

Este sistema se rompió definitivamente con la dictadura militar de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) que eliminó las elecciones. Tras la dimisión del dictador y el triunfo de los partidos republicanos y socialistas en las elecciones municipales de 1931, se proclamó la II República. Ese mismo año se redactó la constitución republicana, democrática y que otorgaba amplias libertades a la población. Estuvo en vigor hasta el fin de la guerra civil en 1939.

Con la dictadura de Franco España se rigió por las llamadas Leyes Fundamentales del Reino, consideradas cartas otorgadas y en absoluto constituciones: Fuero del Trabajo (1938), Ley Constitutiva de las Cortes (1942), Fuero de los españoles (1945), Ley del Referéndum nacional (1945), Ley de sucesión en la jefatura del Estado (1947), Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958), Ley Orgánica del Estado (1967) y Ley para la Reforma Política (1976).

A la muerte del dictador asumió el trono Juan Carlos I y se inició un proceso de transición a la democracia que culminó, con éxito, en la promulgación de la actual Constitución de 1978. Es una Constitución similar a otras europeas de nuestro entorno y recoge amplios derechos y libertades a los ciudadanos además de la autonomía a las regiones que lo requirieran. Dentro de las constituciones consideradas liberales o democráticas (1812, 1837, 1869, 1931 y 1978), la actual es con diferencia la que más tiempo ha estado en vigor; hoy cumple 34 años. Entre el conjunto de las constituciones españolas, es la segunda más longeva, por detrás de la de 1876.

Esta constitución no sólo destaca por su longevidad sino también por la estabilidad que la ha acompañado, insólita en la Historia de España. La Constitución de 1876 perduró 55 años pero con guerras (contra Marruecos y Estados Unidos las más relevantes), revueltas, atentados, un golpe de Estado y una dictadura entre medias. La de 1978 también se ha tenido que enfrentar a problemas (terrorismo, un intento de golpe de Estado en 1981 y crisis económicas como la actual) pero en general su balance es enormemente positivo en forma de paz, derechos y libertades para los ciudadanos. 

"Es necesaria su reforma y readaptación (de la Constitución) a los nuevos tiempos para que continúe siendo útil"

Para finalizar el artículo quiero destacar que es necesaria su reforma y readaptación a los nuevos tiempos para que continúe siendo una carta magna útil en el mundo actual como lo es la Constitución de Estados Unidos que, como vimos antes, es la más antigua del mundo y continúa en vigor aunque con reformas que la hacen adaptarse a los tiempos cambiantes. 

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