1640
fue un año decisivo para España. En ese año hubo dos importantes rebeliones
simultáneas en la Península Ibérica. Para entender su importancia podemos
comparar España (que desde 1580 estaba unida dinásticamente con Portugal) con
un navío cuyos remos salen por sus costados. Costados que, en 1640, se rebelan
poniendo a la Monarquía Hispánica contra las cuerdas. Portugal y Cataluña se rebelan a la vez en 1640 pero con un resultado
muy diferente: Portugal consigue separar su destino del resto de la Península
Ibérica y será un Estado independiente hasta el día de hoy. Cataluña por su
parte fracasa en el intento y las tropas españolas sofocan la rebelión.
Años más
tarde, con la Guerra de Sucesión española (1700-1714), Cataluña de nuevo es
protagonista. Apoyó al candidato austriaco hasta el final, incluso cuando la
guerra ya había terminado y las potencias europeas ya habían aceptado al Borbón
Felipe V como Rey de España a cambio de pingües beneficios territoriales (como
Gibraltar, que pasó a Gran Bretaña y, como es perfectamente sabido, no volvimos
a recuperarlo). ¿Qué temía Cataluña de los Borbones? Su política centralista en
un Estado que, bajo la batuta de los Austrias, había destacado por su relativa
descentralización, en especial en la Corona de Aragón. Como temían, tras la
toma de Barcelona el nuevo Rey de España suprimió los fueros históricos de
Cataluña con los Decretos de Nueva Planta creando así el primer agravio hacia los catalanes.
Durante
siglos Cataluña ha encajado en España. Un encaje complicado pues resultó ser la
primera región en industrializarse en España, la más abierta a las nuevas
costumbres y hábitos que llegaban de Europa, y la más dinámica económicamente. No
es de extrañar pues que en el S. XIX, con la aparición del nacionalismo, éste
encontrara un fuerte calado en Cataluña. Els Segadors, la Senyera, etc,
símbolos del pueblo catalán que ya existían previamente, se convirtieron en
cabezas de ese nacionalismo inicial. El siglo XX fue de intensificación pero
también de una cierta mejoría en el encaje de Cataluña en España. Me explicaré.
Con la
Primera Guerra Mundial, la neutralidad del Gobierno de Madrid fue
increíblemente beneficiosa para Cataluña. La industria catalana aprovechó la
matanza entre la mayor parte de los europeos para vender sus productos a ambos
bandos. La economía catalana (y por tanto la española) creció mucho en esa
época beneficiando el encaje de Cataluña en España. En los años 20, el dictador
Miguel Primo de Rivera a pesar de apoyarse en milicias catalanas, suprimió la
Mancomunidad de Cataluña allanando el camino a Esquerra Republicana de
Catalunya.
En la
II República la inestabilidad alcanzó de lleno a Cataluña y en 1934 se llegó a
proclamar el Estat Català dentro de una supuesta República federal española. Aún
así, se mantuvo la unidad del país.
La Guerra
Civil fue el punto culmen de la inestabilidad y el odio entre facciones. Cataluña
permaneció fiel a la República e incluso Barcelona fue su capital en los
últimos meses de la guerra tras haber tenido que trasladar la capitalidad
primero a Valencia y luego a Barcelona. El territorio fue conquistado por el
ejército franquista tras la Batalla del Ebro en 1938.
El fin
de la guerra abrió la larga y cruenta dictadura de Franco que supuso un fuerte
agravio a Cataluña al suprimirse la autonomía que había conseguido durante la
república y perseguirse el idioma catalán. Sí se benefició por su parte del
desarrollismo económico de los 60, como el resto de España.
A la
muerte del dictador en 1975 comenzó la Transición a la democracia. Los partidos
nacionalistas catalanes resurgieron y reclamaron la autonomía. Tras un hábil
acuerdo de UCD, PSOE y nacionalistas, la
nueva Constitución recogió el derecho de
las regiones españolas a acceder a una amplia autonomía. Cataluña fue, con el
País Vasco, la comunidad que más rápidamente accedió a la pre-autonomía y en
redactar un Estatuto propio. Las ansias secesionistas habían quedado aplacadas
temporalmente. Convergència i Unió, la federación de los nacionalistas
catalanes liberales y democristianos, ganó las primeras elecciones autonómicas
de 1980 y su líder, Jordi Pujol, aceptó el encaje de Cataluña en España sin
mayor problema. Cuando Barcelona apostó por la posibilidad de poder realizar
los Juegos Olímpicos, el Gobierno de España aceptó y apoyó la candidatura
consiguiendo realizar los Juegos de 1992, los cuales fueron un éxito rotundo
para Cataluña y España.
Sin embargo,
desde 1992 hasta ahora la situación ha ido tensándose de manera peligrosa. La independencia,
algo muy lejano en 1992, ahora se plantea abiertamente en Cataluña como se vio
en la última Diada con la mayor manifestación independentista de la Historia de
España. La crisis económica que atraviesa España (incluida Cataluña) desde 2008
ha influido mucho en el aumento del sentimiento independentista. También el
cambio de postura de algunos partidos. CiU, que en su día colaboró en la
redacción de la Constitución, ahora utiliza la palabra independencia y secesión
aunque su objetivo (al menos en principio) sea la creación de un concierto
económico para Cataluña.
Mientras
tanto, gran parte de los españoles observan esto sin entenderlo del todo. ¿Por
qué esa sensación de agravio en Cataluña? Yo soy de Madrid pero la entiendo. Sólo
tengo que recordar el pago de peajes bárbaros en Cataluña desde hace muchos
años, el retraso en las obras del AVE, la inexistencia del famoso Corredor
Mediterráneo que perjudica a Cataluña, la campaña de la derecha contra su nuevo
Estatuto, etc. Si el resto de España quiere que Cataluña se sienta integrada en
nuestro país, debemos empezar por entender de dónde ha salido ese sentimiento
de rechazo hacia España y a favor de la secesión. Quizá sea hora de apostar por
el Corredor Mediterráneo, por el AVE Barcelona-Valencia o porque la cuota de
solidaridad sea más razonable para todas las regiones.
Por otra
parte, no creo en la independencia de Cataluña. Respetaré la opinión y, si se
da, la decisión de los catalanes pero yo considero a Cataluña una parte
fundamental de España, relacionada estrechamente con el resto del país por
motivos culturales, históricos y sociales, lazos que nada ni nadie puede
eliminar.


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